REAL MADRID

El Madrid compite, no juega”. Este tuit, escrito por un exjugador del Barcelona tras el partido del Bayern da con las claves de la revelación de un espíritu. Como todas las verdades telegráficas, contienen una radicalidad comprimida cuya lucidez explota en idea y su reflexión se extiende en volúmenes.

La frase se engendró después de esa última media hora de sufrimiento en el Bernabéu, donde la sombra atroz de la maquinaria alemana nos dejó en trance de angustia de derrota. Se aguantó con todo y se pasó la eliminatoria en uno de los partidos más reveladores de mi vida. El Madrid había competido de nuevo. Incapaz de hilvanar dos capotazos seguidos pero, y eso es la clave, en ningún momento rehuyó al toro. El tuit explotaba la fórmula del triunfo: no se trata de que el Madrid juegue o no juegue; porque a veces se puede jugar y a veces no, pero siempre, siempre, se puede competir. Los grandes saben que no sólo se puede, sino que se debe competir.

“Ser sublime sin interrupción” a lo Baudelaire es una actitud vital, lo que pasa es saber dónde se pone el énfasis de la sublimación. Pretender que un equipo de fútbol juegue siempre bien, es como querer que una persona sea siempre brillante y locuaz. No puede ser. Pero sí puede, en cualquier circunstancia, seguir en pie, luchando y aguantando. Estos valores duros, no espectaculares sientan la base de la brillantez blanca del talento.

Los equipos campeones, como la gente que triunfa a cualquier nivel, son aquellos que saben encajar los golpes y seguir en pie. Cassius Clay es buen modelo. Para pasar a la historia danzando como una avispa hay que aguantar el alma entre las cuerdas de sangre y un hígado maltratado por Foreman. Si uno espera a tener una buena época o que brille un talento indiscutible, puede ganar, pero no durará. Los Grandes son los que a pesar de las rachas de la genialidad en títulos de oro, siguen bregando por su nombre de pila. Y siguen por actitud, orgullo y huevos, esa tríada heredada de la historia de la institución y la fe de cada chaval.

Quedan pocas horas para el partido. Hay mucho optimismo en el personal, demasiado. Va a ser más complejo, pero están, estamos todos ahí. Esta noche entre tormentas, habremos visto un resultado y la historia seguirá su curso. Los esquemas tácticos se moverán, pero los principios no se alteran, la historia ruge, la fe inspira, el talento dirige, pero al toro se le respeta siempre. Adelante, tíos, vuelvan a competir y gracias por dejarnos disfrutar esto.

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