LOS ESPAÑOLES OLVIDADOS DE NORTEAMÉRICA

“Nos reunimos aquí por un valor que tiene cuatro letras: el amor a nuestra historia y a la búsqueda de la verdad”.

Comienza así la presentación del coronel de infantería, José Antonio Crespo Francés; en barba de época y locución tan académica como cercana, nos da la clave en esta tarde de febrero, sintetizando todas las claves de la conferencia. Pues sí, el amor a la patria, y al rescate de sus héroes en esa ruta, maltratada en emboscadas, llamada Historia. Pues sólo un acto de amor, en su doble vertiente de esfuerzo desinteresado y devoción por la verdad, hace que un investigador se arroje a la senda del tiempo vestido de explorador para descubrir y rescatar a hombres y mujeres anónimos que, bajo las sombras letales de leyendas negras, corrección política, manipulación pagada en nómina y demás crueldades, ha dejado a nuestros héroes en las losas del olvido.

Es sábado en Madrid, huele a esbozo de primavera y a Cuaresma de hojuelas, cuando salimos del metro en Ópera. La policía monta guardia armada frente a palacio y caminamos hacia Santo Domingo en cuesta buscando un portal de techos altos, primero izquierda, calor de Hermandad de la Vieja Guardia. Hay un ambiente de camaradería, público leal con voracidad de saber, de unión cofrade para el rescate de esos españoles olvidados de norte América. Nuestro Coronel llega justo a tiempo, un poco agitado, lamentando que en el ligero sueño del tren que le ha traído hasta aquí, un listo le ha afanado el pincho de la presentación y la carpeta de documentos. Un tesoro, sin duda, que esperemos que el golfo pueda digerir. Pero no importa, hombre de recursos, se lanza al ruedo con un mapa muy sabido desde el corazón al intelecto y, cual comandante de expedición, comenzamos un viaje desde la sala hacia América del Norte. América que se nos descubre muy Hispana desde un mapa lleno de flechas que ilustra la pantalla de plasma a nuestra izquierda.

Nuestro viaje nos traslada al Atlántico, Florida, donde no puedo dejar de pensar en amiga virtual Carabela y sus fotos de San Agustín. En aniversario de su fundación. Pedro Menéndez de Avilés encabeza la lista del primer español rescatado a la memoria, al que seguirá legión de compatriotas en esta epopeya. Seguimos al Golfo de Méjico hacia California, nos calma el Pacífico y nos excita Alaska. El mapa de lo que es hoy la primera potencia mundial está, ante nuestros ojos, siendo entendido desde las huellas de los nuestros que, en expediciones de cuadrillas visionarias fueron desarrollando su espíritu y el de la tierra. Espíritus que, buscando el mito se encontraron con el logos, que trepando a las fuentes de eterna juventud se cobijaron en la visión del reflejo de su comarca en la piel de toro en otro continente. Se encontraron, en fin, a sí mismos en el otro hemisferio, sembrando humanidad global. Humanismo dual, pues, de la tierra y el cielo, desde el peso duro español, primer dólar y moneda oficial del Imperio, dólar de los pilares, hasta la noticia de hermanamiento divino por misioneros con Vocación de mártir que liberaban desde la Revelación.

Todo esto, y más, en un trabajo de un coronel cuya obra debería ser, y seguramente será en mejores tiempos, enseñanza obligatoria en todas las escuelas de España. La Historia, con mayúsculas y sin travestir con mantos de memorias de género, es la que es, se oculte o no, mucho o poco tiempo, a todos o a una parte, pero gracias a estos hombres desinteresados y apasionados, brota de nuevo intentando arrancar ese el Alzheimer social en que nos quieren atontar.

SÍ, mi Coronel, nos ha dado un acto de amor. Gracias.

“Españoles olvidados de norteamérica”

Actas Editorial

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