LA FUERZA BENEMÉRITA

Los españoles  nos hemos dejado convertir en un país de indignados crónicos. ¿Razones para indignarse?, muchas. Pero es que nos indignamos, incluso, contra el propio sentido común del que tanto presumimos, en aras de hacer valer nuestros derechos,  aunque éstos nos perjudiquen, incluso. Sí, ese sentido común de codo en barra de bar, arreglador de todos los males de España.

Muchos de nosotros hemos visto, en el colmo de la cerrazón, que hasta somos capaces de inducir a nuestros hijos a rebelarse contra la necesaria disciplina que impone el educador, si no va en la línea de los supuestos derechos del niño; y el educador se ha de arrugar ante el potencial dictadorzuelo, si es que quiere conservar el puesto de trabajo.  Y así vamos, construyendo una España de manipulados  odiadores,  inducidos por la ignorancia y un odio absurdo , que no les dejará  nunca saber valorar lo mucho de bueno que tenemos.

En definitiva,  he observado cómo la  Sensatez deambula por toda España, vestida de luto y rezando un réquiem por ella misma.


¿Y a qué viene esta perorata? Sería largo enumerar aquí todo lo que a España la hace grande, pero que no vemos. Sin embargo, sólo me voy a referir a uno de nuestros más grandes privilegios, denostado por una Izquierda torpe, y no suficientemente valorado  por una Derecha acomplejada: LA GUARDIA CIVIL.

EL HONOR ES LA PRINCIPAL DIVISA DE LA GUARDIA CIVIL.

SE LLAMAN LA BENEMÉRITA, PORQUE VIENE DE “BENEMÉRITOS” , CUYO SIGNIFICADO ES SER “BIEN MERECIDOS” O “DIGNOS DE GALARDÓN”.  Éste es un honor que sólo tiene la GUARDIA CIVIL, en exclusiva desde el año 1929.

Su meta: LA CONSERVACIÓN  DEL ORDEN  PÚBLICO, LA CONSERVACIÓN DE LAS PERSONAS Y LAS  PROPIEDADES, Y……EL AUXILIO QUE RECLAME LA EJECUCIÓN DE LAS LEYES.

Pues sí, teniendo el enorme privilegio de contar con ella, a mí también me indigna  ver  el poco aprecio que se hace a este cuerpo de seguridad que provocaría el asombro de no pocos países a los que, desde aquí, se imitan y envidian de forma bobalicona.   Me indigna la  reivindicación de dudosos derechos, como el de  poner en riesgo la vida de aquellos que, sin tener en cuenta  nuestra arrogante insensatez, no dudan en  salvarnos la nuestra. Y, aún así, nos tratan con cortesía.         

Estoy orgullosa de ella porque conozco países que, por prudencia,  no mencionaré pero en donde, a veces, te salía más a cuenta quedarte sin la cartera recién robada e incluso con el mandoble que te propinaba el atracador, que acudir a la policía local en busca de ayuda. He sabido de pequeños delincuentes, niños de no más de 12 años,  que la propia policía con tal de poner a salvo la imagen del país de turno, ante un evento deportivo de repercusión internacional, les quitan la vida, sin demasiado empacho, para que no “molesten” Pero quizás no hace falta llegar tan lejos, y recordar a otros con apariencia más demócrata que primero disparan y,  luego, preguntan. Recuerdo muy bien cómo nos advertía nuestra propia compañía aérea de que ningún miembro de la tripulación  nos quedáramos solos al llegar a la aduana  de un determinado país, pues la propia policía era capaz de poner alguna sustancia comprometida en tu equipaje, y te buscaban el mayor disgusto de tu vida; a ti y a la propia aerolínea.


También he visto la gran diferencia de actuación, equilibrada y serena, de la Guardia Civil cuando han tenido que entrar en un avión  a detener a un pasajero indeseable, con la de otros  que han hecho un despliegue de ruido y escenificación que más bien parecía el rodaje de una película de acción.  

Mi admiración y orgullo por ellos son  notorios, pero no gratuitos. Admiro su abnegación profesional, rescatando a etarras cobardes que se ven perdidos en la montaña, con muy bajas temperaturas,  pero que tienen la desvergüenza de recurrir a su odiada Guardia Civil,  porque saben que, además de ser  los mejor preparados,  tienen la grandeza de no tener en cuenta su vileza moral. Nuestros guardias civiles tampoco  preguntan a los que, ignorando toda medida de precaución, se meten en camisa de once varas, mientras arriesgan su propia vida sin cuestionarse la estupidez de los que los necesitan.

Son la admiración del resto de cuerpos de seguridad del mundo al actuar con  envidiable destreza para localizar y  detener a una peligrosa banda de delincuentes, ¡sin hacer un solo disparo!,  mientras otros, supuestamente más avanzados tecnológicamente, para detener a uno sólo, se llevan a otros cinco por delante.  No fue cierto que fueran portada de la prestigiosa revista  TIME,  por su buen hacer, como se dijo, pero méritos para haberlo sido, les sobran.

Habiendo conocido cosas así, me encorajina profundamente ver lo poco que valoramos y agradecemos la gran profesionalidad y calidad humana de nuestra   GUARDIA CIVIL, que no es de derechas ni de izquierdas; es, simplemente, un gran orgullo para España.

¡VIVA NUESTRA GUARDIA CIVIL!

María Belén  López Delgado.

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