ADVIENTO – LO PROFUNDO ESTÁ EN LA FORMA

INTRO

“Tenemos un gran  problema para dar testimonio de Dios debido a la progresiva limitación del lenguaje. Mira, en América con 50 términos se organiza casi toda la comunicación, mientras  que en España… con algo más de 200. Hemos reducido el lenguaje tanto, que entre la realidad y nuestro mundo, hay ya un abismo. Está todo tan codificado que tenemos que buscar nuevas vías de comunicación: nosotros con Dios y vosotros, los artistas, con el mundo”

Me lo explica un docto teólogo desde la planta superior del edificio. Más allá de las ventanas nos observa esa gran parte de la realidad cristalizada en sierra. Pronto anochecerá, ya cae el frío en las alturas y es hora de que me lleven a la habitación donde estaré alojado durante los próximos días en régimen monacal en el Monasterio de San Julián y San Antonio en La Cabrera.

ACTO I – PUERTAS A OTRO MUNDO

 

Salí de casa hace dos horas para aterrizar en otro mundo. Dejé un Madrid bullicioso, de vísperas de fiesta y adornado en inglés, con esa estética anglosajona que se ha oficializado en Navidad. Me sumerjo en el mundo subterráneo del metro, transportado por escaleras mecánicas entre trenes 4 y 10 hasta la línea de autobús 191 destino a La Cabrera.

El autocar está lleno a estas horas de media tarde de viernes y nos ilumina la luz del membrillo al salir por la Plaza de Castilla. Rumbo norte, hacia lo alto, circulamos carreteras anchas entre música de cláxones hasta que nos vamos calmando en pueblos y paradas que estrechan las vías. Veo que mi destino está próximo al enmarcarse el mundo desde la piedra gris de la montaña con ligera nieve en lo alto. El paisaje de lo permanente.

Me bajo en la gasolinera, mientras observo venir el coche que viene a recogerme:

– ¿quieres un cigarro antes de que te encierres y entres en trance?

Subimos por el sendero de una montaña santa, decorada de estaciones de Vía Crucis en monolitos blancos con números romanos. Vía espiral hacia la cumbre donde la piedra del cerro se confunde con la cruz de entrada que desembocan en el gran portalón del monasterio.

– ‘Somos nosotros’ susurramos al contestador.

Casi inmediatamente se abre la puerta y el prior Constantino nos saluda e invita a pasar mientras oigo el cerrojo a mis espaldas.

ACTO II – OTRA VIDA

Shangri-La. Es la primera palabra que me viene a la mente recordando la película de Frank Capra. El monasterio es un mundo perfecto en miniatura, aparte, compacto en su orden y comunicado con la naturaleza en arquitectura compartida. Eso es lo que sentí.

Me alojan en el eremitorio de San Basilio. Hay tres y son similares: una cruz en la pared de cemento lo preside, dos lechos y una mesa de madera, baño con ducha y un pequeño armario.

– ‘el radiador lleva puesto todo el día pero si tienes frío te dejo aquí dos edredones en el armario’

Hace frío, si. Llevo ropa térmica pero me parece que no será suficiente. En una hora será la misa, tiempo suficiente para colocarlo todo, el ordenador en la mesa, cables, libros y cámara. El abad se ha retirado y el silencio preside la cámara. Hay que acostumbrarse a oír el silencio, lleva tiempo, tan costoso como la disciplina necesaria para entender una buena sinfonía, o la mejor ópera. Hay que agudizar el oído para limpiarle del zumbido acumulado de la cacofonía del mundo, notas que se vayan deshaciendo en este espacio místico para se pueda empezar, por fin, a escuchar.

Los eremitorios están alejados del edificio principal, casi pegados a la montaña, prolongación de la piedra protectora. Al salir ya está anocheciendo, paseo por los arcos románicos y veo morir el día sobre el pueblo a lo lejos. El único sonido que capto viene del agua, de los pequeños carriles que emanan de la fuente y dirigen mi ruta hacia la iglesia. Agua y ligera brisa son los únicos instrumentos de la creación para acompasar mi pisar hacia la puerta en el camino de piedra. No oigo mas.

ACTO III – VÍSPERAS

– te señalo las lecturas de las Vísperas en el misal.

Entramos en la pequeña capilla, el Padre Amadeo comienza, le seguimos. Hay tres frailes, dos estudiantes y yo. La capilla es pequeña y coqueta en una sala, altar redondo, ventanal que se asoma a la noche.

Finalizamos el dueto de las vísperas en diez minutos y comienza la misa, sin homilía, la liturgia es una música compartida a dos voces. El sacerdote dirige, los feligreses responden y Dios grita entre silencios. Se comulga bajo las dos especies en orden, el sacerdote se sienta y vamos pasando por el altar tomando la Forma y mojándola en el cáliz. Yo he comulgado así dos veces, pienso, en lugares ten dispares como en este pico de la sierra o en la llamada Parroquia roja de la urbe. La Presencia será la misma, el escenario, obviamente no.

Salimos en fila y esperamos en la sala a que el Padre salga.

– bueno, la cena a las 9.30 si os parece.

Cierto, bien. Salgo al exterior, con la sensación de oír mejor, mas. Sigo el circuito del agua hasta el edificio donde está la iglesia, cerrada en estos días.

Fotografío la panorámica del crepúsculo pensando que estoy rodeado por un espacio declarado “bien cultural de carácter arqueológico” por la Comunidad de Madrid. La piedra que resguarda mi nuevo refugio asciende hasta el Cancho Gordo donde, en su parte alta, están los restos de un poblado de la edad de Bronce, 3000 AdC. Al otro lado se encuentra el Cerro de la Cabeza donde reposan los restos de un poblado Celta Carpetano del 1000ac, finalmente, en la ladera contigua, descansa una metrópolis paleocristiana del siglo VI-VII.

 

ACTO IV – MONJES SIN HÁBITO

Rodeado por la creación que cobija distintas civilizaciones en el tiempo me dirijo al comedor desde mi presente absoluto. La cena es sencilla: sopa, empanadillas, ensalada y fruta.

– ‘Es una vida sencilla, como nuestro régimen de vida”:

La vida de los monjes Identes está basada en la dicotomía contemplación-acción. No llevan hábito porque “según dijo nuestro fundador: he preguntado a Cristo muchas veces si mis hijos tenían que llevar hábito y no me ha contestado.”  

“No es una vida monástica tradicional. Abiertos, salimos, estamos en contacto con la gente. Nos levantamos pronto, a las 6.30, una hora más tarde tenemos oración en común y desayunamos. Aquí dentro del monasterio hacemos trabajos de mantenimiento y fuera llevamos 3 parroquias alrededores. A las dos y media comemos, a las cuatro volvemos a la labor, una tarde de estudio hasta las 7 y media donde tenemos las Vísperas y la Eucaristía. Cena a las 9.30 y tras unas horas de estudio nos retiramos a las 12.”

Misioneros Identes. Palabra nueva, neologismo, del imperativo Id – Id por todo el mundo, Id y predicar – el Idente es el que camina en la vida con la norma del evangelio viviéndolo fielmente.

Es una congregación nueva, con algo más de 50 años, fundada por un gran místico: Fernando Rielo Pardal. Estamos en mas de 25 países. El carisma del fundador nos llama a vivir la santidad en común según el mandato de Cristo: “sed santos como vuestro padre celestial es santo”.
Nos enfocamos a una acción apostólica con jóvenes que no tienen fe y el diálogo apologético con el mundo de la cultura, los intelectuales para defender a Cristo en esos ámbitos.

En la tradición monástica a través de conferencias, cursos, conciertos. Mañana vamos a visitar el monasterio y te explico cosas.

Cae la noche y se dilata el tiempo en el silencio. Hay una relación entre las horas y los decibelios, cuanto menos hay de los últimos, mas se expande lo primero. Las estrellas por encima del arco románico presiden el mundo. Hay un aparente estatismo que solo mueve el agua en su discurrir. No la veo pero la oigo, y esa música me recuerda que el tiempo existe.

Dos edredones y ropa térmica. El calefactor sigue funcionando pero tarda en calentar. Me hundo en el lecho primero, cerca de la pared y me sumerjo en el silencio histérico de mis pensamientos mientras el ligerísimo sonido del viento atraviesa el bajo de la portezuela.

 

ACTO V – CREACIÓN E HISTORIA

Y amanece. Se duerme de un tirón y descorro la rejilla de la celda para ver la fusión de tinieblas resquebrajada por una luz que viene allá al fondo. Deben ser casi las seis y salgo con la cámara a disfrutar del espectáculo de la amanecida.

¿Has dormido bien?

Asiento tras un bocado de pan con tomate. Una oración en común y estamos terminando el desayuno: café con leche, varios tipos de mermelada, pan, tomate y mantequilla. Los estudiantes van al instituto y yo salgo a preparar el equipo para una excursión con el abad por el monasterio.

‘ Todo comienza en el siglo VII, con una ermita dedicada a San Julián, uno de los últimos arzobispos de Toledo de la época visigótica española. En torno a esa ermita es posible por datos indirectos que hubiera una pequeña comunidad de monjes eremitas. No hay más noticias de la época  suponemos que durante la invasión árabe, que les dejarían estar aquí. Saltamos al siglo XI, 1085, con la reconquista de Toledo por Alfonso VI. Dos años antes lo ha reconquistado en Buitrago para la Corona de Castilla y vienen unos monjes creemos que benedictinos, aunque no está claro, estando hasta finales del S XIV.

A comienzos del XV vienen los franciscanos poniendo el nombre de San Antonio al lugar. Llegaron por una reforma en su orden que les alentaba a volver al espíritu más genuino de San Francisco: vida eremítica, pequeñas comunidades, dedicación al trabajo, oración, contemplación, estudio. La reforma tuvo éxito y a finales del XV llegó a tener 40 frailes en un siglo de esplendor donde pasó el Cardenal Cisneros, nacido cerca en Torrelaguna, que vino de pequeño con su familia y sobre todo de adulto, ya hecho franciscano, tuvo especial afecto al lugar. De hecho en 1487, cuando muere su padre, lo trae a enterrar aquí.

Lugar de paso de santos, teólogos de Trento – Cardenal Gonzaga – escritores de vida espiritual Francisco de Osuna, autor del ‘tercer abecedario espiritual’ que tanto cita Santa Teresa en sus escritos. Retiro  a los nobles de la zona, señores de Hita y Buitrago, Marqués de Santillana Duque del Infantado se costearon unas habitaciones – Iñigo López de Mendoza –

Con la invasión francesa se produce un cambio debido a la ocupación del convento con destacamento de tropas durante nueve meses entre 1808 y 1809. Los franciscanos habían huido y al volver estaba parcialmente destruido . Se quedan hasta 1835 cuando se produce la Desamortización de Mendizábal. Los echan y se pone a la venta

Lo compra un nieto de Goya, Marianito de Goya, hacienda familiar con la huerta magnífica de los franciscanos. Lo tienen varias generaciones hasta que en 1934 lo compra el famoso médico madrileño Carlos Jiménez Díaz, clínica de la Concepción. Su esposa Conchita se enamora del lugar y lo convierten en una casa de descanso, de estudio hasta su muerte 1967.
Matrimonio sin hijos en el testamento se devuelve a los franciscanos. A finales de los 80 tras casi 160 años de expulsión vuelven. En esos años la Comunidad de Madrid restaura la Iglesia.

Los franciscanos no pudieron atenderlo por diversas causas y es cuando las piden a la orden Idente si se pueden hacer cargo. Llevan 10 años.’
Es un paseo de santos, frailes, intelectuales, artistas… toda una recopilación histórica.

 

ACTO VI – UN DIÁLOGO CON EL PRIOR

¿Qué perfil de peregrinos pasan por aquí?

Hay de todo. Desde la atracción del senderismo, incluyen en su visita al monasterio como visita obligada. Aparte de aficionados al arte seducidos por el estilo románico de la iglesia, la única en la CAM.

¿Tienen una motivación espiritual?

Si, verdaderamente hemos tenido experiencias de reencuentro con Dios, conversiones. Fruto de esto ha nacido la Asociación amigos del Convento de La Cabrera.

¿Pero el mundo actual es tremendamente hostil hacia la espiritualidad católica. Como lo tratan de explicar ustedes?

La sociedad tiene acceso a la cultura y para dar razón de fe solo se puede dar convincentemente si se vive intensamente la fe. La gente se da cuenta cuando existe ese testimonio. El corazón humano es siempre el mismo y sigue necesitado de Dios. La clave es hacérselo descubrir. Y esto es fundamentalmente a través de una vida testimonial, personal, así como, desde luego de una preparación intelectual.

¿Desde esa base, come cree que debe ser un teólogo en estos tiempos? 

Debe ser fundamentalmente un teólogo místico. No se pueden dar claves de lo divino si no se vive esa experiencia de Dios, insisto. Y desde ahí se debe hacer la teología. Cuando esto se hace, la Gracia y la Inspiración viene para ayudar en cada momento para saber explicar y defender y confesar la fe católica. Estoy de acuerdo con el gran teólogo Rahner cuando expone que “la iglesia del futuro o es mística o no es iglesia.”

¿Qué opina del Papa Francisco?

Creo que es estupendo, con una nueva forma de papado muy distinta a lo anterior. En cada momento la iglesia tiene lo que necesita.
La imagen que nos llega es distorsionada por los medios al estar más expuesto por romper el protocolo. Los medios son muy poderosos.

Al llegar aquí en la primera conversación se hablaba de que el lenguaje utilizado había reducido el mundo hasta crear un abismo con la realidad. ¿No cree que sería más útil volver a la labor estética como enganche de vocaciones? No puede ser eso más efectivo que la teología al uso?

Seguramente. Nuestro fundador es un gran místico y siempre hablaba de la bondad y de la belleza de Dios. A través de la belleza se puede encontrar a Dios, el sentido estético que tratamos de abrir en este entorno del monasterio complementándolo para hacer un apostolado de lo estético. La unión de bellezas ha abierto, como le decía, el corazón a visitantes no creyentes.

FINALE

Seguimos caminando el silencio. ‘Apostolado de lo estético’, me resuena como resumen de todo. Es decir, que volvemos al origen. Desde los frescos pintados en las paredes hasta el barroco, una conjura de la forma para explicar un Misterio que no se agota con verbos ni adjetivos. En una época donde las palabras están tan violadas como inútiles hay que volver a la imagen. Para hablar del más allá y el más acá y para entendernos a nosotros mismos.

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