MISTERIO MESETARIO – ENTREVISTA A DOS ARTISTAS ANÓNIMOS

Nos convoca Miguel Marina a la premier de su tradicional Belén Mesetario. Es ésta una presentación tradicional a lo más íntimos previa a la inauguración de este domingo, coincidiendo con la Apertura del Año de la Misericordia.
Nos recibe Paquita, su mujer, con una cálida sonrisa que invita a hospitalidad. El gran árbol con motivos celtas preside el hall y nos acompaña al salón.


– “¿Qué quieres tomar?”

Tomo un Cigales, ya lo saben. El vino ‘clarete’ de Castilla por excelencia, ese término que en Madrid solo reconocen los gatos viejos de la capital o los españoles del otro hemisferio… ya que los nacionales contemporáneos lo llaman ‘rosado’.

Es una casa que destila orden y hogar, elegante y austera. Está instalada en las alturas de la capital de La Meseta, que es lo mismo que decir a la altura de la Historia. Desde el gran ventanal me encara el Cerro de San Cristóbal en una jornada de niebla que encuadra una urbe dando forma de cuento de hadas. A este lado de la ventana está el Misterio, grande, excesivo.

– “Los postes son de Soria, del pinar de Muriel Viejo. Así empezó todo.”

Miguel me ha sorprendido en la primera foto y nos saludamos efusivamente.

– “Paquita comenzó este Belén, dice sonriendo. En el taller de manualidades se dedicó a pintar las figuras del Misterio y me decidí a crear un pesebre que estuviese a la altura de los personajes”.


Y lo creó ciertamente. Cuatro postes de pino, tejado, ventana, fuego logrado que cobijan ángeles, Reyes, animales y los Protagonistas de la Historia de la Redención.

– “¿Y el resto del poblado? ¿Lo hiciste al tiempo?”

A la izquierda del pesebre se aloja todo un pueblo con la tipología de Castilla: casas de adobe y madera, utensilios de labranza, y ¡hasta la mismísima bandera de la comunidad preside el castillo de Herodes!

– “El resto del pueblo es una evolución de hace años. Me dedico en mi tiempo libre a hacer construcciones y cada año dan forma al pueblo.”

Veo varias casas de madera y piedra, un palomar, molinos y el castillo que preside la otra parte del pueblo. Es una gran fusión de lugares reconocibles de Castilla La Vieja, reconozco la arquitectura de Plazas Mayores, rincones de Tierras de Campos, palomares que estilizan la Meseta, molinos que mueven el conjunto con el ritmo de la labor paciente…

– “¿Desde cuándo lleva haciendo construcciones?”

“La historia es larga. Hace unos años mi mujer y un sobrino pródigo y canalla me regalaron para entretenerme las piezas para hacer un monasterio. No me hizo mucha gracia y lo ignoré. Pasó el tiempo y un día, sin saber porqué empecé a hacerlo…”

-“ Y no ha parado desde entonces, sentencia Paquita con media sonrisa, desde el fondo del salón”

-“Tras el monasterio me aficioné a hacer casas de Castilla buscando en las obras ladrillos a los que manipulaba a mi forma. Todo lo que ves está hecho en gran parte de material reciclado. Sin embargo a medida que aumento la producción me suministran los ladrillos una empresa. No es cuestión de andar por ahí pasando frío y buscando ladrillos” dice riendo.


Paquita se acerca a servirme otro vino y me fijo en una de las múltiples fotos que adornan el mueble. Es una foto curiosa, en sepia, enmarcada y con firma de antaño: un chico sonriente posa vestido de pastor mirando fijo a cámara. Parece la portada de una foto de Hollywood de la edad dorada, como el anuncio de una obra de teatro de tema bucólico. Adivino que es Miguel más joven.

-“Me gusta la foto, Miguel. ¿Es una fiesta donde iba vestido de pastor?”

Un coro de risas espontáneas y acompasadas me responden.

– “Bueno, de hecho, dice Miguel dándome una palmadita cariñosa en la espala, esa foto es muy real, no es una “performance’, yo fui pastor de niño. En Soria.”

He metido la pata, joer. En mi disculpa diría que en la foto hay una discrepancia entre la pose altiva, casi aristocrática del chaval que no concuerda con un pastor y la foto de al lado de Miguel en su Primera Comunión vestido como si fuera un infante de la Casa de Austria.

-“Si, fui pastor, era muy pequeño y fue duro. Mucho miedo. El bosque desarrolla una vida propia a partir de una hora, la oscuridad puede dar mucho miedo, y para un niño mas”.

Lo dice nostálgico pero sin pena. En su mirada de 84 años hay un poso de vida que hacen ver más allá y me hacen entender el punto de creación al pueblo que tengo delante. Para mi, sujeto urbano y cosmopolita, esto es un Belén de Navidad pero me doy cuenta que ese poblado tiene más matices misterios que lo que parece.

– “¿Como ése serías?”, digo señalando al pastor del Belén improvisando para salir de mi metedura de pata…

– “Parecido, sólo que yo tenía más ovejas y no estaban tan ordenadas como estas…”

Las ovejas están casi en formación bajo la atenta mirada de un perro que, desde una roca, controla todo.

 

– “Esa casa me encanta. ¿Qué tipo de chimenea es?”

– “Es típica de Soria, se llama chimenea pinariega y es la clave del hogar. Es cónica y a partir de ella se organizaba la casa desarrollando la vida cotidiana desde ahí. Es una herencia directa de las chozas de los celtíberos que habitaban la Meseta.”

El fuego, el hogar. Sinónimos donde se ha construido siempre la familia. Me imagino que bajo esa chimenea la familia se desarrollaba antiguamente, comiendo, leyendo, rezando, viviendo… en suma

– “¿Hasta cuándo lo tenéis puesto?”

– “Lo solemos quitar la semana después de Reyes pero este año quizá lo dejamos más ya que estoy terminando un castillo -como el de Fuensaldaña- y quisiéramos representar La Pasión modificando un poco la estructura y cambiando el Misterio por el Gólgota.”

Hago fotos desde diferentes ángulos y el Belén adquiere matices diferenciados desde la riqueza del detalle, desde los perfiles de los personajes y su entorno, las construcciones, los útiles de labranza… Desde luego este Misterio Mesetario no es un mero ornamento chic de fechas entrañables. Hay una poderosa idea detrás que se desarrolla en la técnica estética con la que se diseña la población.


Paquita me lo explica mejor como si leyera mi pensamiento

– “El Belén limita entre un pesebre y un castillo, lo más bajo y lo más alto, entre medias la Natura invade un espacio cultivado por hombres y mujeres que “hacen cosas, que la sirven” una miniatura del mundo en simbolismo que abarca todos los mundos posibles.”

Paquita, maestra, intelectual, ha desarrollado el pensamiento en una frase que lo explica todo mientras me sirve otro vino.

Es una pareja realmente peculiar, donde al trabajo manual se le une el pensamiento y la experiencia. Eso es arte, no hay nada abstracto aquí, todo son “cosas” representadas que desembocan en el Misterio.

Salgo de casa en paz. Una casa tranquila donde el fuego radical descansa en el salón. La chimenea pinariega es este Belén que convoca una familia desde una Fe y un trabajo de cuidado y mimo que Miguel y Paquita reconstruyen cada año.

Gracias y enhorabuena.

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