PLAZA REPÚBLICA ARGENTINA Y LOS MINUTOS DE SILENCIO

¡Un Padre Nuestro, un Padre Nuestro…!

Y se inicia un rumor, se encarna un poema y se desarrolla un coro. Estamos en Septiembre abochornado, Plaza de mártires, día de diario tras prohombres formados, cámaras colocadas, grupos improvisados.

Septiembre en Madrid se va posando en los atardeceres descubriendo ocres a media tarde. Hemos llegado por unas calles de bochorno concentrado, consecuencia de un año recalentado. Bochorno callado, de entre semana, que nos lleva paseando lento con toses hacia aniversarios que se quieren olvidar. Bochorno interior, quizá, de toses de otoño que van despertando un olvido de mártires residentes en plazas en esta ciudad con vocación de demoler placas hacia el olvido. Madrid en Septiembre se va deshaciendo así del verano y sus verbenas para descubrir entre días anónimos las ignoradas cicatrices que la forman, que la crujen. Es un paseo sin hablar de miércoles en un sonido de pasos y toses hasta que la Plaza de la República Argentina va apareciendo al horizonte de la memoria.

Reposa la garganta un poco cuando se pide un minuto de silencio. Más bloques de silencio, pues, que se quieren cubrir con minutos de más silencio. Demasiado silencio. Sin embargo esta tarde esta rutina se rompe. Por fin. Desde los laterales se inicia con un arcángel espontáneo y fémina un Fiat Voluntas Tua en español que se cuela en el ambiente. Se corea en carraspera y se extiende en un incendio haciendo sentido con imágenes en la memoria: humo y tricornios, turista americano en footing, verdugos liberados, gritos de angustia y jueces que sentencian más silencio…

Los minutos de silencio son paladas mudas hechas para sublimar el vacío, haciendo higiénico un olvido pretendiendo un homenaje. Tras cada minuto sabemos que hay siglos de silencio enterrado ignorando el baile de los verdugos ignorando que muertos rezan a muertos. El silencio debe ser cubierto desde de la poesía de la trascendencia que quiere ser grito, que expresa la lucha por la justicia y el sentido. Es un primer paso para revelarse del olvido en este otoño mudo que ya es la España embalsamada de minutos de silencio.

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