“a un maestro”

Mientras tratábamos de digerir el desayuno con postre de HTML, los patos comían absortos en el patio. En la planta quinta comenzaba a posarse un sol de mediodía que hacia reclamar visillos en las ventanas del lateral izquierdo. Los ingenuos alumnos que habitaban el aula estrenaban temblores a golpe de ‘iframes’ que portaban ‘div’ mientras el maestro se movía por la clase resoplando al pensar dónde se había metido.

Tras las primeras clases de tanteo, en el descanso alternábamos invitaciones de cafés en un peculiar garito caótico y muy Madriles. Allí una chica morena, muy guapa y quedona nos servía los cafés sin azúcar ni cuchara mientras un personaje grave en la esquina nos contaba historias, como aquella de los desastres de la aviación, que entendía como algo natural, dejándonos acojonados todo el día.

Pasamos la prueba del HTML, para entrar en un mundo CSS en un aula de visillos estrenados donde los soplidos de angustia se reanudaban ante códigos decorados de enlaces que no acababan de enlazar. Los patos seguían imperturbables en su rutina y el calor hacia abrir las ventanas aliviando la asfixia del flanco derecho. Volvimos a superar la prueba y, cuando la confianza se atisbaba en nuestras mentes, comenzamos una semana oscura de tormentas donde el maestro nos recomendó olvidar por un momento lo aprendido y le escucháramos.

Animados y manteniendo la recién estrenada sonrisa «CSS style» comenzó el tutor una dialéctica de pseudocódigos que nos rompió el programa dejando nuestros frágiles circuitos ‘ 404 no found’. Las sonrisas se borraron hacia miradas de incredulidad al observar al director dibujar en la pizarra códigos y flechas que decía lógicas y fáciles, muy fáciles, sentido común, vamos. Yo miraba cada vez más la plácida imperturbabilidad de mis amigos los patos, y el personal iba cada poco a rellenar botellas de agua bendita para pasar el sofocón y evitar infartos prematuros.
Mientras tanto el café del descanso seguía sin azúcar, nuestra morena se fue de luto y nuevos camareros pasaban rotando tan desconcertados como nosotros en un bucle infinito. Pero pasamos, de nuevo, de la mano del maestro por la prueba.

Maestro que, entonces, se convirtió en el general a golpe de ordenes razonadas entre ‘jaidens’ y ‘valúes’, empeñándose en llevar a la peculiar soldadesca hacia el otro lado de la matrix, con tanta paciencia como cariño. Nunca un spanglish tan destrozado con acento quasi cheli había creado tanta pedagogía.

Eso es talento.

Pero llegó un día, al bajar a nuestro bar cuando un letrero sepia firmado por el ayuntamiento certificaba su defunción por algún pseudocódigo, esta vez legal y finito. Me entró el bajonazo. Me di cuenta de que todo se acaba y la nostalgia me hizo arrepentirme de todas las horas piradas en el curso, retrasos y escaqueos que genera esa costumbre ácrata mía de vivir, ir y venir con un horario propio.

Y así, de repente, llego el gran finale en un julio infernal de calor para recordar. Miré a la ventana para admirar la placidez de los patos como si la vida fuera eterna mientras un hueco en el estómago me publicaba en filezilla un rasguño web al servidor de los recuerdos contando todo aquello que se acaba.

Gracias, Mariano.

1 thought on “BALADA MELANCOLICA DE PATOS EN JAVASCRIPT

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