A Nicolette – “Trust in the Lord, he can see the bigger picture xxx”

La vida se desnuda en ciclos, de lo pequeño a lo grande, con un patrón de principio y fin para volver a empezar de nuevo. El Gran Ciclo abarcaría desde la Gestación hacia la Muerte, palabras mayúsculas que enlazan dos eternidades a ese breve gemido espacio-temporal de experiencia en la tierra el cual se identifica, de forma reduccionista, con la Vida.

En este ámbito, cada día es un ciclo formal de días y noches sucesivas, que forjan agendas expuestas en semanas, vacaciones, jornadas en rojo, estaciones con otoños efervescentes…

Sin embargo, los ciclos importantes son aquellos invisibles que dictan muertes y renacimientos desde sus universos propios, creando surcos que no respetan calendarios o estación alguna, aunque se nutran de estas, sino de acumulaciones vitales que nacen y se desarrollan para, finalmente, acabar con su propia decadencia.

Yo tengo calculado tales ciclos, capítulos de la novela vital, en mi hoja excel -yo pienso en cuadrículas pero vivo en curvas- donde, en su oráculo de celdas ordenadas, me dice que estoy en la Vida Novena.

Nueve vidas como templos dóricos, esculpidos hacia lo alto por otras tantas columnas. Novena vida que, por una vez, hago coincidir con una fecha terrenal, inicio de año, en un acto voluntarista para ensamblar bloques biográficos y organizar sus vistas hacia el horizonte del Destino.

Porque, en el fondo y sobre todo la forma, es de lo que se trata: del Destino. De ir llegando al puerto que espera preparado con sus eternas naves hacia las costas del «Sentido», navegando por aguas santas. Destino que va sugiriéndose a cada instante entre marejadas y tempestades en el calor de pequeños botes amarrados en tantos puertos existenciales para re-conducirnos por la mejor vía, que es aquella que no desemboca en aguas muertas.

No es fácil esquivar el Destino que, siempre, siempre tiene su ángel esperando para guiarnos a puerto por muchos rodeos y atajos que busquemos para perdernos en esta jungla de lágrimas.

Porque este Viaje, en el fondo, solo consiste en una decisión: descubrir el Destino o creer-que-lo-creas tu.

Es sólo un juego mental entre cataratas virtuales.

 
El juego de la Vida

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