AGUJA, SUTURA Y EL MAPA DE ESPAÑA

“El libro está escrito desde el amor a España, pero sin pasión por ella”.

 Lo cuenta con voz firme, modulada desde el escepticismo que nace del conocimiento y parto con dolor. A su izquierda,  el editor asiente ojeando un ejemplar mientras, a su vera, la coautora del libro mira de soslayo a la cámara.
“Y es que”, continúa, “estoy convencido de que España dejó de existir el 6 de Diciembre del 78 para ser enterrada, sin honores, del 11 al 14 de Marzo del 2004″.

 En frente, el auditorio asiente en un silencio de responso que remata esta sucesión de naturales en redondo-eternoretornista, a juego con nuestra historia.

La plaza está llena, tarde primaveral de otoño en un coqueto club del barrio de Salamanca, embajada urgente de Castilla. En ese Madrid de casa antigua, ascensor ornamentado y techos altos, donde nos han convocado para ver la faena de un escritor, más que un amigo, un hijo único hermanado con otros hijos únicos en esa tribu bohemia y libertaria que forman familias sólo por afinidad. Ha llegado el personaje justo a tiempo, tras padecer atascos de la capital. Él, que apenas hace unas horas, se bajaba de los vagones llegados desde esos espacios que aquí llaman “provincias” y que tejen la antigua España eterna. Miguel Ángel Olmedo ha abandonado por unas horas su torre castellana de marfil para ponerse su corbata – entre el gualda de la bandera y el violeta vallisoletano dando una combinación tipo Oxford – y  plantarse en LosMadriles a lo Zola para entonar el “j’accuse” y “criticar y culpar al español de a pie por desentenderse de lo que está sucediendo”.

Es un grito desgarrador, pero educado y consistente, entonado tras afinar la voz en cantares por la piel de toro, antes llamada España, en un paseo con su chica por las ruinas de la memoria desde 1976 a 2011. Paseo, que biográficamente, comenzó mucho antes en su ciudad natal, hoy territorio hostil, “donde si no tenías 11 apellidos del terruño, debías hacer un esfuerzo por integrarte y, tras lograrlo, sufrir el desprecio de un nacionalismo cuyas válvulas de escape eran un famoso club de futbol y una caja con bula para actuar con libertad de movimientos, a diferencia del resto de cajas”.

 Paseo vital que nos cantan en tres tonos: literario-histórico-político para, unirse a los coros de la calle, forzar la visión y dejar, por un momento, “a aquel miope voluntario, que como todos los sujetos similares, veían la vida con indulgencia.”

Y lo han visto, ya lo creo. Desde las lentes graduadas a tres distancias nos ofrecen una “crónica muy peculiar de la historia de España”, escrita en clave de humor,  excepto, claro está, cuando se toca la tragedia nacional encarnada en las víctimas del terror. En la denuncia de aquellos días donde todo cambió, jornadas negras de Marzo, cuando, entre trenes agonizantes, caceroladas y coreografía de manifas y mantras, quedan dos imágenes que explican más que mil palabras: de la estatua de un dictador cayendo en la CNN a la viñeta del periódico de su tierra donde el presidente español caía arrastrado por tres personajes siniestros que gritaban “ya lo hemos derribado” y es que, se remarca, “no me cabe duda de que los autores -ideólogos- son los que salieron beneficiados”

Parece que de esto han pasado siglos, y los de entonces, desde luego, somos los mismos, pero las cosas ya no son lo que eran. Hay una constancia en este paseo de otoño, viaje crepuscular de Ulises con musa, que sobre piedras firmes cuesta abajo, alcanza una vista final, que desemboca en un paisaje abierto. Panorama para que, desde la altura convenientes de la verdad sin manipular, el espectador saque sus conclusiones buscando, más que respuestas precisas, acertar con la formulación de las preguntas correctas.

“Aguja, sutura y el mapa de España”

Editorial Nostrum

Miguel Ángel Olmedo Fornas – Luz Trujillo

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