Ermita Virgen de la Blanca

Estamos en el corazón verde de Castilla la Vieja, en Soria. Corría el año 1814 y las piedras de Matarrubias adquirían vida en forma de ermita. Se inauguraba así un templo nuevo que tomaba el relevo a las ruinas románicas que ya habían cumplido su misión de iglesia combatiente. Lugar sacro que viene creado los hermanos Badillo – Mateo y Manuel – que vienen de triunfar en el puerto de Veracruz para donar a su tierra de origen, Cabrejas del Pinar, un templo que custodiará a su Virgen de la Blanca acompañada por candelabros de plata y con un primer estandarte bordado en la otra España.

Cruce de caminos: cul de sac

Se llega por la N-234. Tras pasar Cabrejas del Pinar a nuestra derecha y girar en dirección hacia Muriel Viejo nos encontramos la ermita. Hay mucha vigilancia en este día de fiesta y romería. Antiguamente se celebraba el sábado siguiente a la Ascensión del Señor llamado Sábado de Cruces – “Miércoles letanía, Jueves La Ascensión, Viernes amasa mi madre y Sábado a la Blanca me voy” –  pero desde los 70 se realiza el tercer sábado de Julio.

El entorno ha cambiado, con la presidencia de un monolito recién inaugurado para la ocasión, que acoge los espacios de los Pendones de la Concordia.

Aparco y miro a mi izquierda con nostalgia. Ya no están los antiguos raíles abandonados de la ruta Santander-Mediterráneo. Tampoco las dos señales antiguas de circulación ferroviaria que resplandecían heroicas e inútiles bajo el sol de mis veranos. Ya quedan solo en mi recuerdo. Signos que, vistos desde el contraluz de la memoria, adquieren un nuevo sentido que les convierte en un monumento a las direcciones perdidas, todo un homenaje a los caminos que portan a callejones sin salida.

Queda apenas un rastro de raíl que se imponen con última firmeza a la tierra, testimoniando aquellos que con tanto esfuerzo se construyeron en el pasado para portar el futuro a las aldeas de Castilla. Ahora, una vez cumplida su misión, se dejan inundar lentamente por la Naturaleza dejando que la Creación continúe su crecimiento sin descanso borrando las huellas de la vieja ruta de los caballos de hierro.

Pendones y cruces: el camino vertical

El representante del pueblo anfitrión –Cabrejas del Pinar – alza con fuerza su enseña liderando el camino. El resto de la moderna Concordia: Talveila, Muriel Viejo, Cubilla hacen lo propio y comienza el rito del saludo: la Cruz primera “besa” al resto y es seguida por los Pendones. Es un saludo vertical, desde las alturas de un símbolo sostenido a pulso por el esfuerzo de los hombres. La Concordia de la Virgen de la Blanca la forman Cabrejas del Pinar, Talveila, Cubilla, Abejar, Muriel Viejo, Cantalucia y Anejo, Herrera y Muriel de la Fuente. El paso del tiempo ha depurado pueblos hasta quedar algún año, como dice el dicho: “Virgen de la Blanca ¿Quién te viene a ver? Cubilla, Cubillos, Talveila y Muriel.”. En este caso Cantalucia se aproxima a la celebración y tiene su sitio de honor en el monolito.

Un abrazo entre la tierra y el Cielo que engloba a todo un Cosmos que se deja acoger por la bienvenida. Las lanzas trascendentes se dirigen en procesión a buscar a la Madre, que sale acompañada por sus hijas de la tierra y rodeada de la autoridad eclesiástico u prohombres del lugar: el presidente del Congreso y antiguo presidente de Castilla y León Jesús Posadas, vemos al diputado socialista Manuel Núñez Encabo, tan popular en el ámbito nacional al ser el último en votar en aquel mítico 23-F.

Subasta en el camino

Nos ponemos en movimiento y dos maestros de ceremonias encabezan el cortejo y se disponen a la subasta del turno de los brazos para llevar a la Virgen. Uno se encarga de tocar la campanilla para empezar la subasta, el otro con un altavoz dirige con eficiencia el cambio:

– ¡100 a la una, a las dos…!

Se adjudican las posiciones y un relevo de mujeres se dispone a ocupar el puesto de su compañera. Un sol oculto de julio ilumina el paseo hasta llegar por la pradera de vuelta a la Ermita. Allí se para finalmente para la subasta de los roscos y portar a la Virgen a presidir el Sacrificio.

Vermut

La banda de Mariachis entona “las mañanitas” y comenzamos los brindis. Hay bares portátiles, caravana de helados, ambiente de romería. Hace mucho que no vengo por aquí y todos los rostros me resultan familiares, rostros envejecidos en cuerpos mayores. Yo también estaré mayor y envejecido, claro, pero no me lo parece. Esos rostros me recuerdan el pasado imperfecto de la adolescencia y el pretérito perfectísimo de mi infancia. Fotografío entre cervezas a un mundo que se hace mayor, al que el tiempo y sus caladeros le han hecho madurar sin piedad ni contemplaciones. Curiosamente los únicos que están igual son los que ya eran viejos en mi memoria. Los mayores, los desaliñados, los que ya estaban hechos polvo antaño mantienen una línea regular y estética que no provoca contradicción. Son los jóvenes en mi memoria, las bellezas míticas de antaño, aquellos que han perdido el brillo, vaya.

Caldereta

Hay cola para los vales: unos entremeses, paella y melocotón con botella de vino y agua para cada cuatro. Estamos en la esquina de una tira de mesas, detrás de nosotros hay un grupo de gente del pueblo y un griterío inmenso de un grupo de mozas alegres.

Comemos, hacemos fotos y recordamos anécdotas mientras me parece ver mi propia historia entre los pinares. En los postres aparece la música en clave de “Sanjuaneras” que hacen saltar de las mesas a unas cuantas mujeres para hacer una conga espontanea. La música alegra el ambiente y se sirve café con copas y licores. Los Farias echan humo, como un incienso canalla y laico, recreando olores de otras épocas. El tabaco lo llena todo con su aroma generando un ambiente reconocido. Es el olor del hogar y de la iniciación a lo adulto.

Rosario

Se va acercando la hora y las campanas estallan en una tarde que Santifica a la Meseta en llamas. Nos acercamos a la ermita, a su sombra, al cobijo de su temperatura eterna.

La Virgen está enfrente del altar, gran anfitriona con su Hijo.

Primer misterio…

Empezamos a rezar en el julio mesetario, misterios, Padre Nuestro… Ave Maria Gratia Plena Dominus Tecum…

Respiro hondo para acomodar el ritmo del corazón a la plegaria y dejarme pulir por dentro. Por fin llega el único momento del día donde no pienso, donde las telarañas tejidas con hilo cognoscitivo se van despejando bajo la insistente brisa del diálogo con lo Alto.

Empiezo a sentir la lucidez bajo la nana Santa del Rosario. Nana inversa que despierta la mente al mundo, ensanchándola para producir una biopsia espiritual en las esquinas de la consciencia. Pido que la Realidad llegue hasta ahí y me saque del lugar sabido. Veamos.

Finale

El mundo sigue esperándonos tras los umbrales de la iglesia con nubarrones que reinan mas allá de los pinos. Salimos como se sale de un sueño reparador en una Siesta Santa mientras acomodamos las retinas a la luz de la tarde.

Los hombres sacan los Pendones, agarran las Cruces y se vuelve a crear la ceremonia del beso y el saludo. La procesión última clausura un día de Fiesta, una jornada pasada entre los bordes lúcidos que fraguan la Realidad.

Para cerrar un año más un día de pacto con las Alturas.

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