Comenzó un miércoles de color de primavera, con impulso de cambio de tercio. Hay días que preludian virajes biográficos, sean hacia el abismo o a la redención, y este tiene pinta de eso.

 

Comenzamos en la Parroquia de la Concepción de Goya donde se televisa un rito y me sacan un primer plano de mi amplia frente de cenizas cubierta, residuos de palmas de antaño, bautizo de humo, esbozo gris de destino en vía de conversión a 40 días. Salgo levitando desde la verticalidad blanquísima del templo y me recibe una primavera prematura que muestra la voluptuosidad de un Madrid que invita despedir como se debe a la mundanidad cachonda antes entrar en estado de excepción del alma.
De Goya a Goya – Madrid no es más que un cuadro del maestro –  para dirigimos a la ermita de San Antonio de la Florida a presentar mis respetos al pintor más grande desde su tumba custodiada por «ángelas» – solo los ángeles guardianes de los genios hispanos tienen sexo –
En las cercanías hay un aire de luto exagerado engalanado entre sombrillas y tule por el Paseo de la Florida hasta que nos congregamos en la estatua del genio, brusco, sordo, enfadado. La alegre cofradía de tipos con chistera llega formal fumando puros luciendo un plateado de sardinas. Viudorras de lágrima altisonante y media negra van llegando en busca de consuelo, niños de gritos y movimiento recogen caramelos del pavimento. La estampa del genio se hace vida y aparecemos todos en un cuadro donde zancudos descarados guían la estrafalaria comitiva.
Los gritos enmudecen a intervalos por responsos espontáneos:
-¡aaaaaaaaaménnn!
Pasando el Puente del Manzanares se abren nuevas calles que ofrecen tascas para aliviar el sufrir de los veteranos dejando a los cofrades mas jóvenes velando al sol el cuerpo del delito, pez plateado en ataúd que va custodiado por cadenas y charangas
-sardina,sardina,sardina!!
-la,laa,la,la,laa,la,la,la!
Por el Paseo del Comandante Fortea va cayendo la tarde con cadencia para nombrar nuevos relevos de la estrafalaria cofradía. Honor y tradición en esta primavera en la que ya se preparan en breve las antorchas para iluminar la pena mientras encaramos el subterráneo que nos lleve al Campo. Aquí los licores van vitalizando los gritos del dolor y es noche oscura que ilumina la romería bajo el guiño de una luna burlona.
Fogata que arde vertical, con la misma aspiración hacia el infinito que el templo blanco en la mañana, las llamas dejan nueva ceniza pagana y los conversos arrojan pergaminos que contienen pecados, hipotecas, males de ojo, cartas de desamor… y sobre las ascuas del recuerdo se salta entre un perfil de sombreros de copa y miradas de viudas alegres que bailan una danza renovada.
Siento al fondo la mirada de Goya, cada vez entiendo mas al maestro, a España, a mí mismo y me convenzo de que es la vida la que imita al arte y no al revés
La Cuaresma ha comenzado.

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