El tiempo cada vez va mas rápido. Me lo confirman diferentes fuentes, en especial, las que llenan mis lagunas biográficas. Apenas ayer era verano del 71, mañana será Pascua con lluvias de Abril, la Navidad ya es historia y entre medias se ha colado un 2014 que exalta prisa y urgencia. Es un año con vocación de dar el cante, preñado de tantos lustros anteriores de rabia acumulada. Año que empezó precoz en Gamonal y terminará, con tantas otras cosas, en una votación manipulada de aniversarios falsos y odios refulgentes.

Europa entre medias, elecciones de castigo, ocasión de voto para matar localmente con la excusa de ese concepto global y mercantilista del “europeísmo” en el que solo creen los burócratas listos de Bruselas. No sabemos quién ganará pero intuimos claramente que los dos partidos que comparten España sufrirán. El del gobierno ya lo sabe y organiza fiestorra en Pucela en dos semanas para darse abrazos de unidad pactada y remarcar que ellos ya tienen un programa en exclusiva donde no cabe otra “vox”, obviando, claro, que dicho programa no se cumple y sus cabreados votantes lo saben. En frente la cosa no está mejor. El buque de contención de la rosa se cae pétalo a pétalo derribado por el nacionalismo socialista y una acracia de capucha y eslogan. Se acabará el mal llamado bipartidismo – que no existió nunca ya que esta democracia no ha sido mas que una obra de nacionalismos asimétricos con coartada nacional – y renacerá, lamentablemente el “bifrontismo” eternoretornista.

El pueblo de calle, lo dijimos, empieza fuerte en Gamonal demostrando que un lío en una barriada entre leches y bengalas tiene eco en avenidas de la metrópoli, sale en la tele y acongoja prohombres continuando esa tradición bronca de Carmelos -quien se acuerda- Prestiges, 11-M, 15-M, y mareas de colores hasta el arco iris. En el norte-norte las marchas salen del mosaico aterrador de rostros sin alma que, en foto maldita, será prueba testifical en el futuro proceso a la Democracia hispana.

Hacia arriba, el poder coronado sigue con sus arias de palacio para que sus Rigolettos mediáticos y judiciales hagan coros.

Pero tranquis, el pueblo normal sigue inflamado de fútbol diario y escándalos de gente de mal vivir vestida de luxe. Seguimos bailando con risa floja hacia la destrucción mientras aparecen debates en la tele con la ilusión bipolar y gritona de que la opinión es libre.

En fin, en fin, que España ya no es ni un estado moderno, ni una nación antigua, sino el pueblo eternamente maleado desde el omnímodo cucharón del poder de turno que cuece caldos de cultivo para hacer saltar la olla antes de tiempo.

Cada uno a lo suyo, pues, y yo a contarlo desde mi atalaya Madriles y Pucela -las dos capitales de la Historia no memorizada en clave LOGSE/ESO- en un año fundamental donde buscaré, entre sus calles, metáforas para entenderlo y una novia católica, buenorra y culta para cultivar un retoño que consiga ver en su futuro algo más que la sempiterna y ralentizada caída del imperio.

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