Se trataba de arrasar en Castilla y León. Era el momento y así se lo hicieron saber los prohombres de Génova al presidente de una tierra, tan desahuciada como vaciada, pero que podía ser un punto de inflexión táctico en el ruedo ibérico. Tras la pandemia, si había una persona quemada en Castilla… era Igea y tras las últimas elecciones generales, hace ya siglos… su partido entero estaba ya hundido. Era normal que el voto «ciudadano» pasara íntegro al PP y así deberían estar al borde de la mayoría absoluta. Incluso VOX, con su candidato elegido, no debería causar problema en una tierra donde no se cambia mucho de opciones. Eso se pensaba, entre Génova y el Pisuerga, delegando al dejado carácter local y las genealogías peperas de años de enchufes. Debería valer. 

Se convocaron las elecciones pero, como siempre, el más rápido fue VOX. Una organización hiperactiva y la única con un programa «anti agenda 2030». Con esta dupla de valores se les perdona casi todo: la elección de candidatos, la claudicación vergonzosa en la educación de comunidad de Madrid, la endogamia de sus cúpulas, chulerías varias…en fin eso y lo que venga. Mientras realmente no la caguen. Pero la cagada debe de ser muy gorda. Las votaciones fueron un domingo 13 y gracias. Porque si la campaña dura una semana más, los populares se hunden de sospasos tras unas semanas de stand-by bajo mínimos. 

Llegaron los resultados. Lo que podía haber sido, por fin, la primera victoria de Casado, fue un cumplimiento higiénico de un invisible Mañueco cediendo el poder para VOX. Se oía gemir en Génova ese domingo, rumiar la encrucijada de una victoria tristísima. Casado hasta ahora había subido a un balcón genovés escondido bajo dos grandes líderes: Almeida y, sobre todo… Ayuso. Nuestro chico solo había brillado para dentro, con todo el mérito ciertamente, cuando en las tripas de su partido logró echar a una mafia…para poner otra. La victoria del nuevo ciclo debería haber sido en la plaza fácil de segunda con el maestro Mañueco. Porque con mayoría absoluta la categoría de la plaza no cuenta. Pero no pudo ser.

En los días siguientes la jefatura ordenaba una cosa, pero ay, Ayuso animaba por la otra. Entonces se decidió dar el jaque. 

Los dossieres de la inteligencia mezquina se debían de sacar. El Partido más corrupto de España, a la altura del PSOE, pero en señorito, decide matar a Isabel Ayuso con chantajes ya germinados durante meses. Ni sería la primera ni será la última. Casado, «el hombre que odia a las mujeres», como Cayetana, da vía libre a cosas…, cositas…, insinuaciones que van, que han venido, dicen, de Moncloa, de la sección LGTB de Carramero, no sé…pero que tienen en todo caso como objetivo a un obstáculo que se llama Ayuso. 

Y pasa lo que pasa. Que ayer domingo  de invierno, un domingo después de lo de CyL y apenas a diez días de Cuaresma… La calle Génova se tiene que cortar. Se grita desde el barrio de Salamanca y la guerra civil pepera está abierta a la hora del vermú. Se exige acabarla. Porque sólo puede quedar uno, quedan dos añitos para las elecciones y el problema, por supuesto, no es el tal Teo.

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