Se abre una semana vital en Madrid que terminará Abril que rompe en aguas mil. Con la asistencia de una Lola que quisiera ser Filomena. El tiempo y su exageración humana de estaciones paganas, hacen juego con el ambiente político y su perversión de diosecillos. Y es que, ante el innegable éxito de VOX en su subida previsible de exceso de campaña, se encuentra que las fuerzas del sistema formalizan un nuevo paredón sanitario que será definitivo. 

Desde un sambenito facha, esa maldición plana y criminal, se abre un apartheid social, un estigma, desprecio, culpa, objetivo prioritario, en fin. El objetivo siempre es humillar-al-otro obligando al Partido Popular a que no pacte de ningún modo con ‘esa banda de extrema derecha’. La única posibilidad del triunfo de la izquierda, como suele pasar en entorno complicado, es la aniquilación directa de parte de sus rivales. Sujeto al que se califica como enemigo, como nos recordó el filósofo Marina el pasado domingo. La repetida cantinela de la voz «fascista» es el vocablo repetido desde hace medio siglo para descalificar al pensamiento-del-otro y que se ha formalizado en estas elecciones.

Los pijos de Podemos juegan con fuego, quemando Madrid con sus delirios. A falta de discurso, vayamos al hígado, a las vísceras, a helar el corazón del otro. Juegan con fuego, desde el tablero de tronos de feudalismo en Galapagar y su corte. Y todo ante la ambigüedad cómplice de partidos tecnócratas que no discuten el dogma.

 La semana va a ser larga, muy larga, el finde será eterno de puentes de dos de mayo. Y el problema es que a partir del 4 , pase lo que pase, será el turno del eternoretornismo, la maldición de los pueblos sin alma.

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