PADRE PÍO, OLOR DE SANTIDAD

“La croce è sempre pronta e ti aspetta dovunque”

Los planes de los viajes están para romperlos. Nuestro destino es La Toscana, pero para llegar ahí decidimos pasar por La Puglia haciendo cierta la frase de que “el camino mas corto entre dos puntos es aquel que pasa por las estrellas”, axioma que nunca adquiere tanto sentido como en este caso. Nuestro coche está esperando en el aparcamiento: es espacioso y con estilo pero no sabemos arrancarlo. No pasa nada, no nos desanimamos, estamos crecidos y motivados. Las carreteras de Italia se inundan de una velocidad gestionada por tíos morenos engominados cubiertos por gafas de sol y aspecto macarrilla. Mueven las manos continuamente y hacen caso omiso de esas convenciones que tenemos en el resto de Europa sobre señales de tráfico, semáforos etc. Pienso que el viaje prometerá emociones y con disimulo me coloco de biodraminas-con- cafeína para conseguir centrar mi punto de vista.

En nuestra ruta por los pueblos de Molise observo que un olor de santidad va invadiendo el ambiente mezclándose con el aroma de pasta aldente, formaggio y ricotta. Y es que sólo en Italia se produce esa fusión tan perfecta entre lo sublime y lo cotidiano, ese progresivo acercamiento de los dedos divinos y humanos tan bien representados en la Capilla Sixtina hasta casi producirse un choque de saludos entre las manos de Dios y el hombre. Así en Venafro me paro para retratar un cartel inmenso de esquelas mezcladas con anuncios: la noticia de la muerte del amigo y el anuncio del próximo circo en la ciudad comparten espacio público. Y ambos están en su sitio.

Comemos y el perfume de gloria explota su presencia en San Giovanni Rotondo. Al abrigo ardiente de las llagas del Padre Pío de Pietrelcina, una multitud de peregrinos nos cobijamos para dar gracias y pedir por los nuestros. Pasamos por la iglesia y el convento hasta dar con las celdas de los padres. En cada una hay una inscripción y yo me fijo en la última“La croce è sempre pronta e ti aspetta dovunque”