Ensayo Celtas Cortos Plaza Mayor Valladolid
Ensayo Celtas Cortos Plaza Mayor Valladolid

Septiembre en Castilla nos trae brisas con olor a brasas y recuerdos. Se inaugura la primera parte de un mes que enlaza con el final de Agosto por obra y gracia de la Virgen de San Lorenzo. Esta continuidad vacacional con chaqueta a media tarde se decora con casetas en la urbe. Así desde el Paseo hasta el vientre de la capital, muchas tabernas salen al encuentro de visitantes ofreciendo pincho y tapas con vaso de plástico reciclable.

Hay música en algunas tascas. Precisamente el sábado, a la hora del vermut, un grupo rock interpretaba heavy de calidad y sonido de los 80 ante nostálgicos conocedores de acordes que habían tejido parte de su tardoadolescencia. Pero la nostalgia mayor, para una parte de la ciudad, se produjo en la Plaza Mayor el día antes donde los Celtas Cortos cantaban himnos coreados hace 20 años.

La fiesta del pueblo siempre trae retazos de todas las fiestas, de todos los años. Madurar, que no envejecer, es ver cada vez más una legión de fantasmas familiares en cada rincón, verse a sí mismo multiplicado en cada rincón de esquinas de antaño degustando vida y riendo. Quizá ver esto sea envejecer, no lo sé, tener la sensación del Eternoretornismo un tanto temprano que eclipsa el protagonismo del presente. Quizá el tema es que  mis fiestas están custodiadas en una Memoria que, aunque reza a la Virgen, venera a San Mateo, en aquellas fechas clásicas donde la fiesta se aparecía en el crepúsculo de un mes que se sublimaba entre vientos helados de la Castilla eterna que anunciaba inviernos.

Lo entrañable es la clave pues del recuerdo, en todo caso. Entrañable es aquello que sale de las entrañas y que, en mi caso, implica un cambio de temperatura, desde el frío al calor. Sinceramente no puedo reconocer que me haya sucedido nada entrañable por encima de los 20 grados. Puedo recordar con dulzura muchas cosas con emoción, pero las que llegan a las entrañas son aquellas visiones en que hacía frío esperando un calor, sea materno, de abrigo o sensual.

Mis fiestas, por tanto, tienen el tono de una brisa gélida castellana cruzada con relámpagos de brasas y besos.

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