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Se ha muerto Omar, lo siento.
Omar si, pero Yuri no. XXX

Avigoria me manda rauda un pésame por wasap. Y me lo manda con doble intención rematado en besos de emoticono. Llevamos casi 20 años de amor infantil y discusiones de adultos por una película, gran película, La película, Mi película… y, sobre todo por el personaje al que Sharif encarna: Yuri Andreievich Zhivago.

Es el penúltimo episodio de una conversación Eternoretornista, de esas que forja biografías al haberse desarrollado en dogmas a través del tiempo. Me llega el mensa perdido entre pueblos de ruinas indianas y , nada más responder, me viene a la mente las miradas del niño Yuri ante el ataúd de su madre y la del joven Zhivago ante la visión de Lara. Dos formas de ver a una mujer que enmarcan un film sobre formas-de-ver-las-cosas. Cambia el plano en mi memoria y aparecen las temblorosas manos de Omar calentarse sobre un folio vivo esperando arder por tinta negrisima derramada en poesía en un palacio de hielo. Un hombre se arranca así su amor en la guerra con un nombre:  Lara, «yo no soy así, ese eres tu», le diría en lo que es la mejor definición de la literatura. Pareja hecha en planos de un  primer encuentro inadvertido de dos amores ciegos que se intuyen en un tranvía. Omar ha muerto pero Yuri no, me repito. Aunque le diese un ataque al corazón en Moscú y «muriese solo» como Avigoria siempre me recalca, hiriéndome como solo saben hacer nuestras intimas fatales, solo porque no quiso a Tania, solo por egoísta e infiel.

Omar Sharif, en toda su obra, para mi es sólo un personaje: la reencarnación de mi alter ego y que constituye la mejor unión entre las vidas de individuos y sus circunstancias. La genial película basada en la obra maestra de Boris Pasternak donde se narra la historia de muchos amores en una Rusia de muchos odios. Tengo tan identificado a nuestro actor con el personaje y subrayado el perfil de la contradicción coherente de una persona en una etapa traumática, Dualidades de médico-artista / amor-pasión / guerra-paz / ideal-realidad / rojos-blancos / inocencia – crudeza.
Realidad tejida de miradas, desde la pureza de Zhivago a los ojos gélidos de miopía intelectual de mi querido «Strelnikov», pasando por la vista viciosa de mucho mundo de Víctor Ipolitovich. Dualidad de Tania y Lara, Lara y Tania, del amor-cariño al amor-pasión, donde las rubias ay, las rubias, aparecen fuera del guión para cambiar destinos a golpe de corazón.

El marco se rodó en Madrid y Soria, lugares tan conquistados por mi, donde se nos dibuja una madre Rusia donde «la vida privada ya no existe». Metáfora primera y última del drama de estas vidas.

Omar ha muerto, pero sigue viviendo ad aeternum en Yuri Andreievich Zhivago.

Omar Sharif DEP y gracias.

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