Pasó volando un finde con sobredosis de actividad, chutado desde la mítica e incaducable espoleta 20N. Y es que, la energía que desprenden algunas fechas, hacen acumular acontecimientos que empujan el tobogán desde el vértigo de esta espiral hacia la nada. El presente se hace así efervescente y el tiempo se «mistifica» en diferentes velocidades que fusionan tiempos, descubriendo de nuevo el apocalipsis nacional en nuestra epidermis taurina.

 20N, día de días, explosión de sonata de otoño, fecha mayúscula de brazaletes y lutos, puro siglo XX nacional que guarda los sepulcros de Durruti a Franco iluminados por luceros Joseantonianos. Trinidad de las Españas que yacen juntas en la misma tierra. Eternas en la raíces pero machacadas desde el invernadero político-moderno que desvalija memorias. Fecha que se trata de disimular, podándola entre días-mundiales-de-la-cosa de turno, o aniversarios dignos de lamentos políticos del presente absoluto como trienios del desencanto.

 Sin embargo la eternidad de España pugna por sus fechas y, hete aquí, que en el medio del patético maquillaje historicista, la Historia se levanta mayúscula como un losa engalanada de toisones para elevar a la aristócrata cañí por excelencia y con más solera. Fitz Stuart, Cayetana, «nosotros, los Alba», desde un Sur eterno de tierras y siesta donde no se pone el sol. Luto de familia y pueblo donde apenas llega un Borbón a estorbar, tímidamente de luto, a dar dos besotes campechanos.

 La fecha, vemos, resiste al lifting chabacano de la modernidad y se resucita en un fin de semana en plan Berlanga, recordando al gran Nichols, con desfiles faralaes a la trena mientras aparecen en plasma nuevas promesas televisivas que, sin rubor, levantan las faldas a las rameras del estado, vacilando a los servicios secretos y sus «torrentes», mensajeros entre cloacas y prohombres invisibles que manufacturan el mecano de la matriz nacional sobre moquetas de altos despachos. El “Charlie” esta vez les ha salido listo, el tío, respondón y encima con padrinos, joer, de los que va a costar mandar a los cáceres de turno con paga de mierda, en ese exilio interior bajo el silencio mediático para una sociedad tan silenciada. Vaya.

 En este panorama, el eterno personal minoritario, se evade del hedor para concentrarse entre templos y feriartes para, en día anunciado, procesionar juntos en las plazas del pueblo por lo único que ya, en rigor, se puede procesionar en clave laica: el instinto vital frente a la razón artificial y genocida.

Y así, aturdidos de memoria y presente vertiginoso, llega un lunes post Sunday-blues, nublado pero con las luces preparadas para inaugurar otro luto.

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