RECONVERSIÓN: LOS MUROS DE LA PATRIA NUESTRA

He llegado a las siete menos veinte y el ambiente ya estaba animado. Me acerco a la esquina, cerca de una columna donde tengo margen de movimiento con la cámara y apenas me siento veo que el recinto está ya casi lleno. Bajo la iluminación de ópera hay corrillos cerca del estrado que se saludan con efusión, la audiencia gasta mediana edad y miradas curiosas, hay tres cámaras de televisión y una bandera española al fondo preside el acto.
Las hermosas lámparas del hall del Intercontinental nos han dado la bienvenida en este otoño de fin de ciclo. Un portero servicial de uniforme engalanado ha abierto las puertas a la clase media hispana en esta noche fría que ha venido a calentarse con tizones de ilusión en este acto que organiza Reconversión. A mi me gusta entrar siempre por la puerta giratoria porque me parece entrar a otro siglo, a otra dimensión y he obviado así el saludo del portero.
Los sofás amarillos se han llenado ya completamente. Me acomodo al lado del equipo de sonido y a mi derecha se sienta una mujer de pelo blanquísimo.
Con puntualidad prusiana aparece el Gran Ortega Lara, recibido con la fuerza de un aplauso que se quiere exceder para mostrar el cariño a uno tan-de-los-nuestros que en realidad es la metáfora exacta de todos nosotros. La Víctima por excelencia: el español dolido y traicionado que todavía se mantiene en pie con la dignidad intacta para hablar desde la conciencia exacta de la España del ahora. El aplauso no se quiere acabar y finalmente deja al hombre introducir en esta noche una revisión de ideas para rescatar a la Nación del Estado de asfixia en que se encuentra.
La fiesta se compone en una disertación del drama en cuatro actos: Poder Judicial- situación territorial – economía – partidos políticos: 4 tenores con el mencionado abanderado y una estrella para cerrar: Don Alejo. En total seis-toreros-seis para salvar a ese toro herido de muerte llamado España por ese rejón de Estado mortal.
Inicia la corrida el ex magistrado del Supremo y ex vocal del Consejo Don Adolfo Prego cuya ausencia es cubierta en clave fémina por una ingeniero con personalidad apabullante llamada María Jesús. Tras la puesta en cuestión del mito del Estado de Derecho por la impunidad con que los gerifaltes de la cosa se mueven en sus entrañas, remató la faena al recordar el increíble cambio del delito de traición en los modernos y democráticos códigos penales al no contemplar la posibilidad de atacar con eficiencia al ENEMIGO INTERIOR y a la eventual secesión de parte del territorio.
Santiago Abascal entró con fuerza, barba recortada y gesto directo, creciéndose a cada frase encarando al Frankenstein territorial abogando por la recuperación del patriotismo y definir lucidamente al auténtico y único ‘estado del bienestar’ vigente en estos años como el autonómico pero… para los partidos políticos, grandes beneficiados del circo. Tras subrayar que los nacionalismos no quieren integrarse y eso hace que se deban quedar fuera del nuevo estado, la posibilidad de un estado centralista de carácter provincial arranca un aplauso espontaneo.
El economista, Mr Manso comenzó pausado, yendo de menos a mas, desde el tecnicismo a la pasión, de la pausa al ingenio para introducir un liberalismo inteligente de sentido común de vuelta a una tradición europea olvidada que debe construir desde la responsabilidad individual haciendo frente a una queja permanente que reclama un imposible estado provisionista.
Un filósofo vino a arrancar aplausos en cada pase, por fin. Un hombre de apariencia fuerte con voz joven que, directamente, sin sofismas ni rodeos denuncia a los partidos desde la base no democrática de sus entrañas, de su financiación ilegal y de sus impuestos no pagados. Claro. Cada frase es aplaudida, tanta verdad rompe el discurso al desnudar el verdadero cáncer de partidos e incluir la genialidad obvia de exculpar a la ley electoral –aunque no sea perfecta – por la irresponsabilidad manifiesta de los grandes partidos nacionales al luchar entre ellos y no haber tenido nunca visión de estado para unirse y evitar que el nacionalismo termine destruyendo a la nación. La mención a la condonación de la deuda por  los bancos a los partidos arranca aplausos de gloria.
Por último, el esperado, el querido y ronco, voz de padrino bueno con acento de la mejor Cataluña, derrochando ingenio e inteligencia. Cierra la fiesta, broche de oro para resumir aludiendo a sus compañeros, para agradecer presencias, para rematar verdades y preocupaciones. Don Aleix-Alejo tras arrancar sonrisas y risas nos trae en intimidad grave a Don Francisco de Quevedo, en aria otoñal declinando ‘los muros de la patria mía’, esa música inmortal por tan cierta y española. El tema es recuperar el respeto, esa honra que nos han quitado porque… simplemente, nosotros no hemos hecho nada por evitarlo. El estado así asfixiará a la nación y se reclama una exigencia a los dirigentes de coraje y la valentía para poder llevar la nave.
Hay aplausos y hay ilusión esta noche. Hay por lo menos grietas de luz por tanta verdad comprimida en dos horas. Fuera hace frío pero todo se ve diferente, un poco. Hay un crepúsculo avizor pero algo está cambiando.

Es hora de ponerse a trabajar.

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