FILOMENA Y EL TIEMPO

La Navidad se prolonga en blanco desde una borrasca llamada Filomena. Parecería esta frase inicial, así dicha, como un prólogo a un texto de Gloria Fuertes. Grandísima poeta que yo empecé odiando en mi infancia y reconociendola muchos años más tarde. Dicha borrasca ha llegado a los Madriles de toda España, y se ha explayado con fuerza en un momento inicial del año que inaugura un Gran Reseteo.

«Año de nieves, año de bienes», recitaban nuestros ancestros y nosotros repetimos por fidelidad. No sabemos si será un año de bienes o no, porque ya estamos en el mundo de la posverdad donde tanto bienes y males se han convertido en conceptos y son, por tanto, muy relativos. Por ejemplo la Navidad, como el 2020, han sido un tiempo malísimo para el mundo y muy bueno para mí, en especial estas fiestas que yo califico, no solo de inmejorables, sino de inolvidables. Pocas festividades he disfrutado tanto, hemos estado tan tranquilos en casa, todo ha salido tan bien, y hemos celebrado su sentido más que nunca. De hecho todavía tenemos puesto el árbol que me negué a quitar cuando me volví a Madrid, quizá adivinando estas nevadas que son entrañables por definición.

El tiempo es algo letal, ese es el único problema de la Realidad secular : que todo se pasa, lo bueno y lo malo. La madurez consiste, creo porque estoy en proceso, en retenerlo lo más posible, sea prolongando su acción presente, sea en la creación de esa ficción sofisticada del «recuerdo». Esto último, más complicado, porque «el recordar» impone una disciplina muy fuerte, no vaya a ser que una vaya a caer en melancolías, nostalgias o demás tumores que solo valen en formato literario para impresionar a mentes ingenuas. La nieve de Filomena nos ayuda a prolongar el momento animándonos a contemplar el tiempo, no ha pensarlo. Nos va tapando así, muy lento y muy bello, un paisaje que se hace eterno presente, moldeando las aristas de la natura y dejando un sueño de algodón. 

Gracias, Filomena y gracias a Gloria Fuertes porque me han inspirado este pensamiento mientras observo desde mi balcón la quietud de una nevada que me va sumergiendo en mi presente.