SAN JUAN

Debajo del púlpito, bajo el Espíritu Santo y encarando a la Inmaculada. El Corazón de Jesús a mi izquierda y la cámara de la tele en el ángulo derecho. Todo calculado. Llego a las 11 menos diez para coger mi sitio. Me pongo firme, me coloco el cuello de la camisa hasta que me intuyo observado, no sólo por la Sagrada Familia sino por la mía propia, que también es sagrada of course pero más horizontal.

Ayer me coloqué un banco más atrás y al punto de “ite missa est” apenas antes de presentar al Santísimo, ya tenía dos mensajes en el móvil. Su parpadeo me mostraba dos fotos tomadas desde la tele de dos salones diversos: el de mi madre y la mesetaria. Tiene mérito, desde luego, acertar a hacer la foto de un plano que apenas dura dos segundos. Se ve que ambas fuentes manejan la tecnología con primor. En las fotos me veo con la mascarilla sin cubrir la nariz, cosa inédita ya que mi estilo natural es ponerla bajo la barbilla, por poner algo mayormente. Me la subí un poco para eso de cubrir el expediente pensando que no se notaba el tema de la nariz, que me empaña las gafas. Pero no surtió efecto y no hay reparos en poner una cláusula en el mensa. Sonrió.

Esta sensación de sentirse observado y saberlo por adelantado, me hace pensar teológicamente durante toda la misa. Me acordé inmediatamente del Gran Gasby y del cartel de anuncio de gafas que le hace exclamar a uno de los personajes: “Dios lo ve todo”. Esta frase me llamó la atención desde la primera vez que lo leí, allá en la segunda infancia, y de la profundidad que encerraba una obra maestra que de por sí encierra tanto. Cuando voy a la iglesia al alba no se me ocurren estas deliberaciones. Entre que estoy recién despertado y que sólo estamos los cuatro mártires de turno, trato de concentrarme sin tener conciencia de que la mayor concentración es la de sentirse observado. La ceremonia cambia así en su matiz y la atención se hace más natural.

Concluyo que, quizá, deba de cambiar mis horarios ahora que puedo. Se acaba la misa pero uno tiene la impresión de que las cámaras siguen filmando. Voy por el pasillo con la máxima ceremonia y con la máscara impecable, por si acaso. Entonces salgo a la luz de junio, hoy nublada, para celebrar el día de San Juan.