El titular era a cinco columnas. Hacía mucho que no veía tal despliegue de la realidad tan impresa. De hecho hacía mucho tiempo que no leía, digitalmente, un periódico de papel. Digital viene de dedo, de un dedo frío y madrugador pero ya curtido de cloro y jabón de una hora de piscina aún más madrugadora. Ese dedo que despliega la primera página del periódico local para dejar unas palabras, pocas, pero intensas: «Primera eutanasia en Castilla y León». Sin más, ni menos.

Coloco mi café al lado y doy un sorbo para asimilarlo. Los dedos se calientan al instante por el contacto. Es la primera vez – hoy se ve que va a ser un día de sorpresas – que veo titular, a formato completo, una esquela anónima. Muy sutil, muy sutil. El encabezado esconde el nombre de una persona a la que el Estado, honra con sus particulares honores, de haber sido pionera de una muerte tan especial. Bebo el segundo sorbo del café y aunque mis dedos están calientes, me da la impresión de que el líquido ya está frío.

Observo la portada y no tengo ganas de seguir leyendo. Ni siquiera de abrir el periódico, vaya. Al lado está el Marca, con sus repetitivas historias del Madrid que no interesan a nadie. La barra de madera del bar de Javi, se me aparece así como un resto de noticias donde se mezclan fichajes imposibles con muertos necesarios. Y todo detrás de un cristal que custodia torreznos recién hechos. Miro con nostalgia. Es pronto para mí, a estas horas de la mañana. El café está frío mientras rezo en silencio una plegaria por la pionera del titular. Los pioneros siempre son guía, arquetipos de una guerra, en este caso propagandística donde se explica muy didácticamente una gran tragedia. El Destino luce a cinco columnas, para dar ejemplo y lucirlo así, como quien no quiere la cosa. Pero sé, yo tan mal pensado, que después de tal heraldo, vendrá el silencio. Ya no habrá más titulares, ni para el segundo, ni para el tercero. Quizá, en dos años llegarán estadísticas en bloque. Como en los abortos. Cien mil al año de aquí, «tantos mil» al año de allá.

Todo bajo el orgullo del Estado y a costa de la vergüenza de sus súbditos. Los pioneros-a-cinco-columnas tendrán todos los requisitos justificables para hacer higiénica la lectura del periódico en la mañana y hacer asentir en silencio a un personal con un «la vida, en fin, la vida». Pero no es mi caso. Yo no soy de asentir. Yo en estas circunstancias rezo y me cago en la puta. Y todo al mismo tiempo – no es incompatible -, porque sé que bajo el listón de salida del los «pioneros a cinco columnas», se abrirá un silencio aterrador donde los crímenes irán poblando el socavón de las estadísticas oficiales para así, efectuar la Eutanasia Social. Dejo lo que queda del café, pongo los periódicos juntos sin abrir, levanto la mano saludando a Javi mientras salgo por la puerta hacia un mundo sin Dios.

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