Tiene uno escrito que el fútbol es, con mucho, la droga más exitosa del último siglo. Mucho mérito para un periodo no exento de producir sustancias transformadoras de las conciencias. Pero el fútbol es más, pues sobre la asunción de una gran mentira que nos hace fieles devotos al asunto, resolvemos colaborar con fervor a esa una «verdad» posmoderna, o sea una «posverdad» que no es más que la selección de la mentira más eficiente. 

Así hemos evitado guerras, canalizado sentimientos políticos, incluso la creación de amores artificiales con alguien tan molesto cómo es el compatriota, en fin el desarrollo último y superficial de un amor, ahora que ya estamos inmersos en los poliamores, esas antesalas del suicidio dulce. La genialidad del fútbol es que, el juego en sí, no importa. Ni a los hooligans ni a la prensa, las mafias por excelencia de un entorno que no sabe, ni falta que le hace, de tácticas porque el tema está más allá que el sembrado de hierba. Estudiando el fútbol se entiende desde la ética, como nos avisó Camus, hasta la historia reciente pasando por la psicología de las clases medio bajas y el poder de las altas. No en vano es un juego de barrio con valores internos del barrio y ADN proletario con inversión de nuevos ricos. Pero claro, todo esto que ya nos suena ya sepia, no es nada con la introducción para eso de la Nueva Normalidad, ya saben. 

En esta Eurocopa aplazada de año, nos vienen peligrosas costumbres que se acumulan a un circo que aspira a publicitar el cáncer global. Uno es el rodillazo patrocinado por la Black lives Matter, gesto manipulador de una tragedia a la que, afortunadamente no todos se unen cómo es el caso de nuestra selección. Empezar un partido así no deja de ser insultante por la reverencia a un movimiento que hace que una representación Nacional, se desvirtúe hacia un falso sentido de raza. Pero más grave que esto, con diferencia es lo que mis ojos viejos apreciaron hace unos días: el capitán de la selección alemana luciendo brazalete arcoiris. ¿Todo un capitán alemán luciendo emblemas de género? Ejem, cuidadín. Miren, si el fútbol ha triunfado y en el fondo nos encanta, pese a todo, no dejemos que se muera de sobredosis. 

Si esa droga enunciada ha triunfado con creces y nos reconocemos como drogadictos, no nos reconocemos como parte integrante de lobbis globales de colorines o blancos contra negros. 

Cambiar el fútbol de sentimientos nacionales, a sentimientos sectario-globales, cambia mucho. Si es así, métanse todos en una Superliga VIP con Florentín y hagan multinacionales de colores con sus clubes. Que les den. Pero a nosotros, a la gente, que seremos chusma consciente pero digna, jugadores de barrio, sudor y sabedores de un truco que asumimos como un pecado original, que nos obvien de esta movida globalista. Si un sujeto de la selección nacional española se arrodilla antes de un partido o un capitán se coloca brazaletes raritos, que sepan que me borro.

Mi admiración a Polonia y Hungría que, se irán fuera pero dejan testimonio de un fútbol que, o es patria y lugar de encuentro, o es mera propaganda.

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