El discurso real fue seguido con récord de audiencia. Contribuyó a este éxito, el régimen de una nueva normalidad autoconfinada y con sobredosis de una inflación política que, en ambos casos, arruina la realidad.

Yo le oía en un movimiento de centollos abiertos y cigalas caídas sobre la mesa. Cada poco, levantaba la vista, que no se cruzó nunca con la de su Majestad. Entre que él estaba haciendo un discurso forzado, incómodo y evasivo de mirada caída y ojos mustios y yo, que estaba con los dedos doloridos tras mi pugna con los mariscos, no coincidimos. Ni en el mensaje, ni con el corazón ni siquiera en las pupilas. Me llegaba en todo caso, una verborrea de «todos juntos», «situación difícil» y demás pacto articulado y mal escrito que no me transmitía más…que pena. 

Mayormente, si cabe, cuando llegó la frasecita de «la familia y la ética». Sutil y zafia manera de matar a un padre que, con muchos errores, mayor torpeza y no pocos vicios, ha hecho más por la convivencia en España, que este joven hasta la fecha. Una puñalada limpia, blanca, de rosa edipica e inútil. Sobre todo ensayada al dictado de un gobierno rapaz que reía entre visillos con espíritu absolutamente inmoral y con ausencia, estos sí, de cualquier tipo de ética y diseñado para enfrentar a media España consigo misma. 

Felipe se lanzó en Nochebuena, otra vez, en brazos de las élites vividoras aupadas por un pueblo zote, que ha marcan los tiempos. Edipo VI no quiere saber que él, como todos, sólo pertenecemos a nuestros padres. Sobre todo e incluso él, que nacido en una familia monstruo de artificio y maldita de genes, debe honrar, en todo caso, a padre y madre. Y no porque hay que ser buen chico y tal, sino porque es lo más eficiente, que no nos enteramos, para él y para todos. 

Porque aquí el problema de la democracia, Edipo, no es el Emérito, ni muchísimo menos, nos caiga mejor o peor. La película es entender que abrazar a las élites de un Estado descompuesto por un sistema cómplice y devastador, que segrega injusticia tanto territorial como política, sostenido por un polítburo de envidia y lleno de una mierda pujolista que se ignora, nos llevará al exilio a todo el que no lo desafíe. 

Así, no hay más escapatoria que la libertad de ser coherente e hijo agradecido. Porque la cúpula del circo no agradecerá más gesto que el que les deje vía libre a su ambición. Tenemos un plazo muy corto y no hay más que ir por derecho, y que cada uno elija.

Y ahora, que se está negociando una segunda huida, esta vez propia, tenga en cuenta que la Historia, ya del todo inmisericorde, se puede salvar con un acto de coraje. El mensaje fue claro, ¡ya lo creo que fue claro, en su vocación de final! De Edipo a Alfonso XIII y tiro porque me toca.

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