RAFA

De entre las cosas que se confirman cuando te haces mayor, es a seguir el ejemplo de «tipos ejemplares». Obviedad más sutil de lo que parece porque, desde la forma moderna de interpretar la historia, se hace más incapié siempre en la «masa» antes que en los individuos. 

Si en la educación clásica se leían vidas de héroes, santos, y de todo el tipo humano ejemplar que hace de su excepción, virtud, de un tiempo a esta parte se invirtió la partida dando protagonismo a la ambigüedad de conceptos como «gente», «pueblos», «masas»… entes que en escasas excepciones han hecho algo interesante por sí mismos. Esta forma de entender la historia la ha hecho el marxismo, ese hijo elegante de la lacra enferma del idealismo y es la culpable de que veamos la vida como la vemos.

Viene esta idea introductoria para reivindicar a un espíritu excepcional llamado Rafael Nadal. Un tipo que vale por todo un país al que sublima con creces en sus valores. No es extraño que Nadal caiga mal a aquellos que se otorgan como representantes del pueblo, sobre todo a movimientos políticos cuyo fundamento se basa en la dialéctica de la envidia. Porque Nadal representa algo tan obsceno para tales sujetos como es la maestría, excelencia, esfuerzo y amor a su patria. Valores incompatibles con los listos que hacen de la división, profesión y de su mediocridad, criterio.

En la vida nacemos solos y moriremos solos, todo los ejemplos que cojamos en esta vida son de individuos, no de grupos y de nosotros depende elegir quién es quién vale y quién nos inspira. Don Rafael Nadal es alguien que da dignidad a la vida y a la biografía personal. Escribo esto mientras veo un partido del que, a mi me da igual el resultado. Rafa ha superado con creces el ranking de su profesión, pero por mucho que siga adelante no es nada con el ejemplo que de tantos valores nos ha dado. 

Gracias, maestro, disfruta esta tarde.