TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ

«No se puede adquirir la ciencia de la Cruz más que sufriendo verdaderamente el peso de la cruz. Desde el primer instante he tenido la convicción íntima de ello y me he dicho desde el fondo de mi corazón: Salve, oh Cruz, mi única esperanza».

Hoy es un gran día, el día de «una de los nuestros», una chica lista, mártir, conversa, judía, intelectual y como colofón: santa. Mujer del todo excepcional de cerebro privilegiado que sufrió un cambio radical en su vida cuando cambió a Husserl por Teresa de Jesús. 

Tiene mucho mérito este cambio porque en sí no es ya un cambio de ideas o de opinión sino que supone un giro radical que, desde el interior, no sólo cambió su cosmovisión sino su eternidad. Edith realizó este cambio con el obstáculo tentador de ese cáncer lento pero letal que es caer bajo el embrujo de la «intelectualidad». Palabro que no es más que la cárcel que el diablo hace de la inteligencia para evitar que fecunde con la Gracia. Porque ese, para mí, es la grandeza de Ms Stein, la capacidad sublime de explicar la Gracia y la Cruz. 

La obra de esta mujer da para mucho y de cada tema teológico se han escrito muchas tesis. Pero mi tema, y que me hizo admirarla, fue su explicación de la Gracia. Esa vía que sólo y exclusivamente desde la humildad y la permanente pregunta que supone la «inquietud», atraviesa una biografía desde arriba y desde dentro. Puntos cardinales que en su elección ya transforman y dividen a todo el género humano.

La Gracia y la Cruz son términos complementarios: sin una no se acepta ni se entiende la otra. Una mujer preparada para tomar el relevo de una corriente tan importante como es la «fenomenología», podía haber creado escuela dentro de esa falsedad elegante como es la filosofía occidental moderna habiendo habitado una cátedra en la academia con el enésimo «ismo». Es tentación muy fuerte para renunciar. Pero Stein renunció a ese pensamiento para encontrarse a sí misma y darse un nuevo nombre: Teresa Benedicta de la Cruz. Teresa de Jesús y Juan de la Cruz fueron inspiradores de una nueva vida que inunda un cerebro que va más allá de la Academia ayudando a aceptar una Cruz que vence a la tierra. 

Los santos no son más que infiltrados en el mundo, no podría ser de otra forma en un espacio y tiempo gestionado por el demonio. A esta llamada de atención se la acepta o se la ignora, y Edith la aceptó desde un camino muy difícil: denunciar el error de un pensamiento oficial y arrogante en lo intelectual y aceptar una Cruz en lo carnal.  

Esta chica es más importante de lo que parece. Sugiero que lean algo de ella y aprendan con humildad sobre qué va esto de la Vida. Agosto es un buen tiempo.