EL SAYO Y PENTECOSTÉS

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Hoy 40 de mayo, se inauguró el verano desde el aforismo popular del refranero. Pregón de caracteres twitter de rima simple, nos permite quitar un sayo que desembocará en un striptease hasta los Santos si el tiempo no lo impide. Para los irreverentes que nos hemos despojado de tal prenda antes de tiempo, abducidos por el espejismo de un calor que va y viene, nos ha pillado la ciclogénesis produciendo un “destemplamiento” con amenaza de catarro inadvertido. Por listos, claro, por ignorar a un pueblo que hace una alquimia de fechas que encima hacen coincidir con Pentecostés.

El Espíritu Santo nos dona así un punto de vista para apreciar una jornada con ropa ligera que comienza rumbo a Malasaña para disfrutar el trabajo de los artistas anónimos. Se quiere decorar un barrio ya de por sí decorado en sus vías viejas de 2 de mayo, historia del pueblo de Madrid, hábitat de la señora Malasaña, doña Manuela. Voy de Colón a Colón, de plaza capital a calle de provincia, pasando por ferias de coche eléctrico que parecen de juguete donde me dan una pequeña bolsa morada de hechuras podemita, suelta, pequeña pero con logo multinacional. Al final del recorrido me encara un cartel portentoso que, a doble esquina, luce el gesto soberbio de un Jesús Gil hecho icono. Su presencia me observa por todo Génova hasta que cruzo la calle para evitar un número 13 de fotos colegiales que insisten que “hay partido” o algo asi.

Churros en el Santander para embocar Hortaleza y saludar a los indigentes del Padre Ángel que hacen cola para el almuerzo mientras cuelgan ropajes en frente del templo. Me santiguo frente al escaparate donde se expone el Santísimo y tuerzo a la derecha esquivando Fuencarrales de domingo con su riada de personal turista hacia Gran Vía. Suenan campanas en Colón, hecho ya calle, desde la parroquia de San Ildefonso y Madrid se descubre en el pueblo que es, domingón y paseante. Los vecinos miltantes desde los balcones estiran sábanas invocando, con pancartas de Íñigo y Manuela, plegarias laicas por un milagro municipal.

Los artistas están ya a lo suyo: una chica polaca con tatuaje va mirándose en el espejo de la pared aplicándose inadvertida ante una fila de fotógrafos de finde. Camino grafitero entre escombros y hormigoneras que dan estilo a un barrio que se hace así museo contemporáneo entre escombros, mierda y colorines. La plaza 2 de Mayo centra la verbena y la cerveza ofreciendo cañas de vermut, más fotos y calamares entre dibujos verticales. El verano se va levantando y volvemos deshaciendo camino hacia un Retiro literario donde la cultura se comercializa en colas de fans con pose de las letras y barracas.

Están los de siempre donde siempre, paso rápido porque ya me lo sé y hay cita para comer disfrutando una sobremesa de triunfo, victoria y emoción de nuestro gran artista: Don Rafael Nadal. Enhorabuena y gracias.