“Pues sí, ni es la mejor película ni quizá forma parte de los primeros puestos en los rankings de la historia del cine. Pero sin duda es la película más bonita e inolvidable de mi vida. Y eso para mí es decir mucho, empezando por dignificar una expresión que odio particularmente: el decir que algo-es-bonito. Exclamación absurda por su inercia al vacío que refleja grandes carencias de expresión, sobre todo cuando se pronuncia a partir de determinada edad. Sí, lo sé, pero no puedo remediar decir emocionado siempre que la veo que L’Atalante es la película más bonita que he visto. Y digo “bonita” porque de un golpe resume una sobredosis de paz y alegría, me reconcilia con el mundo y me devuelve a la inocencia a partir de ser capaz de narrar una historia muy sencilla de una forma muy inteligente, innovadora y compleja desarrollada en poesía. Bonita, bonita, o sea.

Y me pasa desde el principio: desde la boda de pueblo costero y su procesión de vecinos, desde la introducción casi mística de tío Jules cuando vuelve a santiguarse a la pequeña iglesia con compases de Ángelus, desde el ramo de flores que se estalla frente al agua haciendo metáfora de la obra, desde la forma tan peculiar de ver entrar en la nave a la novia… en fin desde todos y cada uno de los detalles que se me han quedado fijos en mi biografía. Bendigo aquella noche gloriosa cuando la vi en Dublín la primera vez. Aquella misma tarde había comprado un pack de Jean Vigo con todos los trabajos de su obra desgraciadamente tan corta. Cuatro trabajos fabulosos de un hijo de anarquista español y fallecido antes de los 30. Vi el L’Atalante después de “Cero en conducta”, obra que estaba buscando y que me gustó mucho en la alegoría rebelde tipo 400 golpes. Más tarde, ya entregado, vi los documentales de un nadador francés y de Niza. El conjunto de la obra de Vigo me fascinó y sigue fascinando desde esa frescura que se plasma desde el talento y que se nota en la libertad con que maneja la cámara para, como te dije, narrar la sencillez con complejidad y que no se note.

Porque el cine es como los sueños, no me cabe duda, frase que aunque admite muchas interpretaciones y topicazos es cierta. Soñamos continuamente, pero nos acordamos de muy pocos sueños.  Ni de los mejores ni de los más importantes, yo sólo…con los más bonitos.

Claro, esa es la clave. Y esto, guapa, es el rollo que te debía cuando, al salir de los Doré me miraste sorprendida a la risa que provocó tu pregunta cuando dijiste: “gracias por traerme, la peli es muy bonita  ¿eh?”

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