MONSEÑOR

Le costó demasiado tiempo a Gregorio Ordóñez conseguir que se aceptara su entrevista con Setién, obispo de San Sebastián, para que durase tan poco.

¿Cree usted en Dios?

Fue la primera y última pregunta. Al monseñor le cambió el gesto, ya de por sí oscuro y desagradable, y mandó al joven periodista y político a la calle.

La anécdota que escuché a su hermana hace tiempo muestra, no sólo el perfil humano del sujeto -más bien inhumano- sino la pregunta clave con que se define a un nuevo clero de una etapa negra desde una institución infiltrada. Ordóñez moriría en plena juventud asesinado por ETA, y el monseñor emérito ha muerto ayer, en su cama.

Setién, Añoveros, Uriarte… una alineación sangrante que se extiende, punta de lanza, al ritmo de una serpiente que busca hachas para erguirse. Reptil que irrumpe, nada menos que en una España nacionalcatolica.. qué cosas. Una España ingenua que, años antes salvaba a unos hijos que no quisieron renegar del nombre de Dios, que posteriormente devuelve posesiones a sus supervivientes, continúa creando seminarios… y todo eso se pervierte creando una nueva generación que en nada se parece a la anterior.

Y es que el estudio del clero español en la segunda mitad del siglo XX es tema de tesis. La increíble metamorfosis desde una población mártir a un lobbi de poder, de una iglesia militante a una secta activista, de una vocación a una infiltración…

Los Setién solo se pueden, si no comprender, si entender desde el estudio del clero de la iglesia española en este periodo. Y repito insistente la palabra “clero” para marcar diferencias exactas entre lo que es la Iglesia y los que, aprovechándose de ella, la dirigen. La Iglesia Católica, fundada por Jesucristo con la promesa de duración hasta el fin de los tiempos bajo la protección del Espíritu Santo, fue, es y será patrimonio de todos los que se entreguen a ella con fe. Florece por Santos y mártires, y es herida por sus pecadores. Interiores y exteriores. Punto.

Que el coyuntural Clero se haya aprovechado de esta fuerza inaudita y haya utilizado el diseño divino para sus objetivos, sean políticos, sexuales y demás depravaciones será un pecado que deberán sostener en ese camino largo, largo, que es la eternidad.

Setién hizo lo que hizo, bajo el silencio cómplice de conferencias confusas y poco episcopales, como los seminarios de su tierra acogieron y crearon lo que todos sabemos. Desde Sagrarios escondiendo pistolas a templos cerrados para las víctimas. Nada nuevo, como hoy, en Cataluña, cuando vemos lazos amarillos sobre altares profanados. Ante esto, silencio, tanto por la llamada conferencia episcopal española como por unos fieles que no practican ni enteran de la fiesta. A este punto saltará algún meapilas al ruedo para decir “que no son todos”. ¿Y a mí de qué me vale que no sean todos, si los que no son, no se definen?

El daño está hecho y cada cual aguantará su pena, que no es poca. Gregorio Ordóñez, en su pregunta, dio en la clave para Setién y para una generación clerical de disfraz y estatus. 

No, no creen en Dios, no han creído nunca.

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