MÁS RARO FUE AQUEL VERANO…

Se nos acelera la actualidad en una Era Sánchez que está que no para. Así batimos hoy records en cese de ministro, arrojamos de Rusia a un entrenador ambicioso e invicto a dos días de mundial y nos asombramos de la entrada de un Cuñado Real a galeras.

El ruedo ibérico se pone cachondo a velocidad de peli de los Marx, Camarote Nacional, donde uno ya ríe, no por no llorar, sino porque no acaba de entenderlo.

A los falsos paladines de la anticorrupción se les descubre su primera carta marcado-mediática como persona jurídica que tributa bajo mínimos con la guasa de contabilizar como multinacional los gastos de una vida individual. El entrenador se apresura por subiese al tren, del que se dice sólo pasa dos veces para algunos elegidos, poniendo en juego, sin advertirlo, su futuro ser o no ser en la profesión que ama. El cuñado consorte, por fin, se queda sin suerte y busca Palacio enrejado en 5 días dejando una infanta llorosa y sin cisne.

Entre medias de este berenjenal, nos mandan a unos incautos en crucero criminal por el Mediterráneo. Se apresura a recibirlo una caridad roja neón que apenas ayer se escandalizaba de los gastos de repatriar a un cura con ébola. Actitud casi tan repugnante como el desprecio y protesta egoísta de los que se dicen custodios del ya mítico “amor cristiano”, tan secuestrado por la derechona rajoyista cobijada en clases medio absueltas de comunion en pecado mortal.

En fin, que desde la moción se nos ha desarrollado la astenia hasta encarnarse en lo de siempre pero peor… y esto sólo es el principio.
“Más raro fue aquel verano que no paró de nevar”, nos dice el poeta urbano. Pues a eso vamos.
Menos mal que el Pucela va a primera. Lo siento, Numancia, pero la vida es así.

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