Pasó otro Miércoles de Ceniza acariciado de lluvia lenta. Pasó un San Valentín con sus amores de diseño. El mundo acabó su carnaval rugiendo sus blasfemias junto con pitos a Benzemá, en ese Madrid que prolongaba la Navidad ante el árbol de la torre Eiffel. Gran inicio de Cuaresma en un Bernabéu sin duelo por entierro de sardinas.

Y es que hay miércoles anónimos y miércoles triunfales. Así como el calendario capitalista desangra los días hasta resucitar fechas en en rojo con forma de puente, los católicos pasamos por los días levitando con una dialéctica distinta. Damos protagonismo a algo tan vulgar como un miércoles que, por causalidades numéricas y lunas llenas, nos abren la puerta hacia una cita de salvación.

Nació este Miércoles con lluvia fina en Castilla capital, de cielo sucio de blanco herido donde un agua con Vocación bendita, se filtraba por las goteras del horizonte vertical. “Polvo eres”, nos advertían los templos, polvo somos, si, apenas heces sofisticadas con delirios de grandeza. “Conviértete y cree en el Evangelio”, nos gritan en otros templos para recordar que también somos imagen y semejanza de Dioses. Misma versión, pues, de un polvo en positivo, complementaria de una condición tan confusa como incompleta.

El hombre, en fin, ese enigma que ni siquiera sabe quién es y para qué vive, que ignora su verdadera condición distrayéndose del doble aviso revelado de los templos, variando entre fútbol y amores forzados. Su alquimia de polvo y lluvia, igual-a-fango, se disfraza de caretas en el finde y despierta en esta sublimación del tiempo que se llama Cuaresma que desemboca en una Pasión. Camino Divino, vía Dolorosa que constituye un patrón completo de esta existencia que alegremente llamamos vida ignorando que es el purgatorio. Tiempo limitado entre suspiros ciegos que esconden mucha información entre pasado indefinido y futuro imperfecto y que desembocará en ese tiempo imposible de imaginar siquiera que es el presente continuo.

La solución…en 40 días, si uno se pone a dejarse andar. Si el polvo se pone en movimiento bajo la lluvia empapándose de sus dos destinos: la inevitable aleación del lodo o la eventual conversión en diamante. ¿Qué será lo normal? Acabar posponiéndose en eternoretornismo, claro.

Feliz Cuaresma.

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