FRANCISCO DE SALES, PATRÓN DE UN OFICIO TRAICIONADO

En un día claro en Madrid amanece San Francisco de Sales, patrón de los periodistas ateos y se va haciendo el día homenajeando a mártires. A unos, se les llama “de la democracia”, a otros se les ignora entre jardines de invierno. Del santo, ni homilía. Todo depende de quien te cuente la Historia, of course,esa novela mala que ni empieza ni termina en sitio alguno y se va haciendo a remiendos por los becados por el poder de turno. Tres vértices pues, tres, desde donde se nos teje un relato Madriles en un día entre semana de Enero.

Los periodistas, empecemos por los “notarios de la actualidad”, llevan semanas rubricando sus aniversarios y viviendo siglos sin santo. La memoria del personal, abotargada de excesos de información y Alzheimer, se teje de ideologías que se dictan entre el cielo y las cloacas. Así se forja un “imaginario”, palabro locuaz que implica que hoy en día se piensa más por la imagen que por la palabra, código disuelto en tuits y zasca que sintetiza a su vez un titular. El espíritu del Estado -esa cárcel moderna que encierra el cadáver de España- se reinventa a golpe de prejuicio para honrar muertos elegidos y apodar épocas, pariendo una memoria colectiva que modela el “conocimiento”.

Hoy la peli empieza así, cámara y acción: Atocha es un mito caliente de sangre y abrigos, Madrid es una caravana de hoces y martillos, puños en alto, silencio de gabardinas y barbas transicionales. Un helicóptero sobrevuela la imagen, entre Bárbara y los ángeles. Cuéntame, Cuéntame, narrame mi vida porfa, enfoca-una-parte-y-olvida-la-otra. Si en Antón Martín hay placas por unos mártires, en el Barrio de Salamanca hay carteles azules por otros que no merecen la condición de tales. Letrados y mito de extremas diestras frente a políticos de calle con nucas estranguladas por la extrema… bueno, digamos violentos, pues la siniestra no merece adjetivo radical. Cambia el lenguaje y así cambia el olvido, se resucitan enemigos para mandar a los infiernos y se oculta a otros para reservarles un escaño en el poder. Hombres de paz versus hombres malditos.

Mientras tanto los periodistas escriben, el poder manda, los helicópteros siguen volando a Suiza. El pueblo, como siempre, pasa, cuéntame, cuéntame.

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