NAVIDAD ENTRE NUBES Y SINDICATOS

Vivir buena parte de tu vida entre nubes te enseña no sólo  a poner los pies en tierra, con firmeza, en la forma en que todos entendemos el término, sino que aprendes, aún sin proponértelo, a dar a las cosas el tamaño que realmente tienen. Actualmente diríamos eso de que todo, desde allí, se relativiza. Y quizás sea acertado decirlo así.

A poquita sensibilidad que se tenga, unida a cierta curiosidad por observar la vida, desde un avión se es mucho más consciente de la pequeñez de lo grande y de la grandiosidad de lo pequeño.

……..Se acerca Max, ¡cómo no!, con su cara de socarrón: “¡Vaya perogrullada que te has marcado, querida!”

Max, cada vez que oye la palabra pequeño, se da por aludido y se pone en guardia. Le devuelvo una mirada incendiaria que le hace agachar sus ridículos cuernecillos. Y, como suele hacer, me rompe el hilo que tengo en mente. Para quien no lo sepa, Max es un diablillo virtual que vive pegado a mí. Algo impertinente, pero  directo y sincero, contra viento y marea.  Hay que pararle los pies a menudo, porque, cuando se sabe justo o cree tener la razón de su parte, tiende a coger una pluma……, bueno, ahora, es un teclado, y puede levantar ampollas; ampollas que, en una turbulenta época de nuestra muy querida Iberia, hasta provocaron mi expulsión de la misma por publicar una carta en El País, ABC, y El Mundo.

Claro que ahora, una vez dicho ésto, no tengo más remedio que explicar un poco lo que motivó aquel amargo episodio, no vayáis a pensar que voy por la vida tirando los pies por alto. Ni hablar.

En España, sobre Iberia, como en tantas otras cosas, siempre ha habido mucha desinformación mediática. Se ha manipulado a la opinión pública vergonzosamente, desde la prensa, la radio y la TV; pero, vamos, tampoco creo que os esté descubriendo nada nuevo. Y, a este enrarecido ambiente se sumaban con fruición los sindicatos, CCOO y UGT, que llevaban la voz cantante por contar en sus filas a la inmensa mayoría de los trabajadores de tierra, para sacar la mayor tajada posible, vamos, siguiendo su línea habitual.  Una interesada colaboración con aquella Dirección de la Compañía, inoperante y destructiva, que fue descaradamente obscena, y  muy perjudicial para la supervivencia de Iberia.  Para haceros una idea, diré que  algunos directivos de Relaciones Laborales, que negociaban los convenios con estos sindicatos, estaban afiliados a la UGT ¡¡¿¿¿…???¡¡

Pues bien, yo escribí mi carta acusando a UGT y CCOO de esta evidente connivencia con aquella nueva Dirección, que aterrizó un mal día en la calle Velázquez dando torpes trompicones. Pero eso sí, lo supieron vender a la opinión pública como si hubiera sido la quintaesencia de la gestión empresarial. Nada más lejos. A la vez que estos sindicatos obtenían, aún,  más prebendas y otro buen puñado de “trabajadores” liberados.

Los muy hipócritas sindicalistas dijeron sentirse tan ofendidos con mi carta y su gran repercusión, que exigieron a Iberia mi expulsión o no les firmarían  los convenios colectivos que se estaban negociando en esos días.

Unos diez días después de publicarse mi carta en la prensa, aterrizaba yo en Madrid tras un vuelo transoceánico, un 18 de Diciembre, con la alegría de volver a casa justo el día de mi cumpleaños. Llegando ya a Madrid, el comandante me llamó a cabina y me dijo con gesto intrigado: “Belén, me notifican desde Madrid que esperemos en el avión hasta que vengan a entregarte algo”.  Yo, en tono irónico, le contesté: “¿a mí?, ¡qué detalle!”, saben que hoy es mi cumple y me reciben con flores, seguro.

A pie de avión se me acercaron dos personas muy serias y circunspectas, que me entregaron una carta de expulsión, que dejó a toda la tripulación sin habla.

Max, saltarineando inquieto, al ver mi estado de ánimo, empezó a tartamudear incrédulo: ”¿Peeee… pe…pero qué es esto? ¿Poooor escribir una carta a la Prensa? ¿No se supone que estamos en una democracia? ¡Noooo puede ser! ¡Pero si no has dicho más que la pura verdad, y sin faltar a nadie!”  Claro, Max, la libertad de expresión, en España, sólo ha sido y es patrimonio de la izquierda.

– “¡¡Pues, si me dejas escribirla a mí solo, nos echan de España, amiga!!  ¡¡Con la manía que tengo a esos sindicatos vampiros de energía, chupasangres de los trabajadores a los que dicen defender, los muy hijos de……!”

¡¡Maaaxxx….., controla esa lengua!! 

¡¡Pues, anda hija, que sí que te ha servido de mucho ser tan formal y comedida, y hasta de formar  parte de la tripulación real, Belencita!!

Bueno, Max, tan comedida no he sido, les he llamado traidores, vagos,  mentirosos y manipuladores.

Entonces, yo, con aquel estado de total desconcierto, le suelto:

ya ves, Max, como D. Juan Tenorio, “yo, que a los palacios subí y a las cabañas bajé …..”  Jajajajaja, rió, Max, con pocas ganas.

Ésto, que he terminado contando,  pretendía ser  – y mirad por donde voy – sólo una aclaración de cómo se las puede gastar este travieso demonillo, descarado unas veces y compasivo en otras, pero siempre defendiendo su idea de la justicia con vehemencia. Pero mi perniciosa tendencia a desviarme de lo que me traía, me hace seguir por aquí.

En las malas, Max, siempre se aferra a mi mano, me mira retador y dice: Belencita, ¿vamos?, ¡Vamooosss!, le digo yo. Y…..hasta podemos dar el pego de que nos comemos el mundo.

Debo decir que, Max, estuvo firme y valiente todo el tiempo que duró la expulsión, disimulando ante los nuestros, y haciendo ver que hicimos lo que debíamos hacer. Sin embargo, a solas, se le resbalaban muchas  lágrimas porque nos acababan de romper, para siempre, nuestro sueño de volar, y también,  quizás,  porque ya estábamos con aires de Navidad, que tanto nos gustaban a los dos.…. cuando nos tocaba pasarla en casa, claro.

Pero, afortunadamente, Dios nos mandó a sus mejores ángeles de la guarda.  Aquel hecho, entonces, levantó semejante revuelo que se dio la noticia en los telediarios, como algo insólito en la historia de Iberia. El diario ABC me hizo una estupenda entrevista a dos páginas que supuso un gran apoyo. Y, lo más importante de todo, tuve el apoyo espontáneo, incondicional e impagable del SEPLA, el sindicato de pilotos, que se puso de mi lado, para vergüenza y deshonor de CCOO y UGT que, mientras tanto, chantajeaban a la Dirección, exigiendo mi expulsión a cambio de firmar el controvertido convenio colectivo de todo el personal de tierra, y el de los Tripulantes de Cabina de Pasajeros, que se estaba negociando en esos días. A estos sindicatos, no se les oscurecía nada ante sus insaciables propósitos.

Aquellas navidades fueron las más amargas…… y, a la vez, las más dulces de mi vida.  Mi teléfono no paró de sonar, con llamadas de pilotos y compañeros a los que ni siquiera conocía personalmente, dándome las gracias por haber puesto voz a su indignación y brindándome su solidaridad.  Mi casa se llenaba cada día de amigos que me rodearon de cariño, compartiendo mi desolación.  Vivir aquel derroche de afecto y de los mejores sentimientos no tuvo precio.

Y poco antes del día de Reyes, recibí el mejor de los regalos: una llamada a casa diciéndome que el SEPLA acababa de firmar, junto a la Dirección de Iberia, mi readmisión en vuelo, y que, en cuestión de pocas horas, recibiría la notificación oficial por parte de Iberia.

Max y yo, aquella Navidad, fuimos el David que ganó aquél desigual pulso al gigante Goliat.

Y, como además de que este escrito se me ha ido de tamaño y de intención, y de que Max ha empezado a hipar emocionado, os dejo, deseándoos a todos una  ¡¡ MUY FELIZ NAVIDAD!!

María Belén López Delgado.

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