Mercedes Ibañez Huete

 

Abrió los ojos, pulsó el reloj luminoso de la mesilla: las 06,30.

Mermi ya no dormía como antes. ¡Qué razón tenía mamá!, pensó, Ya verás –decía– cuando tengas mi edad tendrás suficiente con 5 o 6 horas de sueño. Se levantó despacio, la tarima crujía pero el suelo estaba calentito ¡Uff seguro que está helando fuera!claro, ¡hoy es Nochebuena! Es lo que toca. Una infusión reconfortante y a dormitar un rato en el sofá. Aún había brasas en la chimenea, calor de hogar.

Se acurrucó, cerró los ojos y pensó en aquella niña que vivía en una gran ciudad, en un tiempo en el que las estaciones del año cumplían la misión para las que fueron creadas. Existía la primavera con esa gran explosión de la Naturaleza; el verano, en el que el ardiente sol animaba a chapotear en los ríos y a soñar tumbados en una hamaca en las plácidas tardes con un libro en las manos; el otoño, que cubría los campos de oro y alfombraba la tierra de hojas con pereza mientras la lluvia caía mansamente.  Y el invierno con sabor a chimenea, a copos de nieve, a chocolate caliente y a Navidad. Y era en ese tiempo cuando los cinco sentidos que el Creador nos regalo a todos, esos cinco sentidos gozaban de todo su esplendor se despertaban de una manera maravillosamente especial.

Era el último día de clase antes de las vacaciones y Mermi llegó a casa casi sin voz. Había cantado villancicos frente al Belén del colegio junto a sus compañeras.

 ¡YA SE ESCUCHABA LA NAVIDAD! Llegó feliz. Era un hogar sencillo que compartía con sus tres hermanos, sus padres, y la tata Bibiana. Este año tenían una invitada especial…¡la abuela!. Fue entrar en el pequeño recibidor y un delicioso aroma a polvorones recién hechos inundó sus pequeñas fosas nasales.

¡YA OLIA  A NAVIDAD!. La abuela le había traído ese olor tan especial que ella conservaba siempre en su memoria. ¡Cómo deseaba que llegara el día de Nochebuena para probarlos! Pero antes…había que ayudar a envolverlos cuidadosamente en unos papelillos de colores: amarillos, verdes, azules, rojos……era la tradición, aunque los polvorones, el turrón, los frutos secos y muchas otras delicias propias de esta fiesta, descansarían a buen recaudo en el aparador del comedor. ¡Ay del que se atreviera a tocarlos!. El sentido del gusto de Mermi estaba a punto de explotar de felicidad. Tan solo había que esperar…¡tres larguíiiisimos días!.

Esa tarde, siguiendo la tradición de esa sencilla familia, saldrían a comprar el árbol y algunas nuevas figuritas para ampliar el Nacimiento que su madre, que era una maravillosa artista con gran imaginación, montaba en la habitación de los chicos, los pequeños de la casa. No había más remedio que acoplarse como podían, para dormir en el poco espacio que les quedaba. No importaba ellos estaban felices.

Así pues bien provistos de abrigos, bufandas, guantes y gorros de lana y después de dejar a los dos más pequeños en casa al cuidado de la tata Bibiana y de la abuela, se marcharon en pos del árbol más bonito que encontraran. Compraron bolas de colores, lazos, una estrella preciosa que brillaría en lo alto, las luces que no podían faltar, panderetas y una estupenda zambomba con la que la abuela, como buena andaluza, acompañaría a los villancicos para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. El sentido de la vista de Mermi estaba rebosando felicidad: las luces de las calles con el intenso frió, parecía que le hacían guiños de complicidad. La ciudad estaba preciosa: había estrellas, ángeles, bolas de colores, árboles cuajados de luces que le recordaban a legiones de luciérnagas brillando con toda su intensidad.

¡Qué preciosidad! ¡Qué feliz se sentía!

¡YA SE VEÍA LA NAVIDAD!. Con la mano de su madre apretada fuertemente entre la suya, recibía esa magia que le rodeaba. ¡YA CASI PODIA TOCAR LA NAVIDAD!. En unas cuantas horas, el verdadero sentido de este tiempo, que nadie como los espíritus puros de los niños saben apreciar, inundaría su corazón. Ojala -pensó Mermi- cuando sea mayor siga disfrutando de momentos como estos. ¿Esto tiene que ser para siempre, ¿verdad mamá?Y su madre con una gran sonrisa apretó su mano, movió la cabeza afirmando en silencio mientras sus preciosos ojos color miel brillaban de emoción.

Y llegó la Nochebuena. Y su madre preparó una sencilla cena. Y esa familia la disfrutó. Y llegaron los polvorones de la abuela. Y el turrón. Y a la tata Bibiana se le escaparon unas lagrimillas de emoción. Y dieron las doce… Todos se dirigieron al cuarto de los chicos donde la madre había colocado con la ayuda de todos ese precioso Nacimiento en el que había un río con agua que era papel de plata, montañas hechas con papel de periódico y engrudo y pintadas artísticamente. Luces, estrellas y naturalmente el portal de Belén con la cunita vacía esperando la llegada. Cuando se espera algo que sabes está muy cerca…ese latido que nunca abandona tu corazón, pero que existe un tiempo en el que su presencia se hace más fuerte, se manifiesta en todo su esplendor. Esa espera es dulce y hasta un poquito ansiosa. Con toda solemnidad el padre de Mermi ante las emocionadas caras de sus hijos, colocó suavemente al Niño en su cunita.

¡Jesús había nacido!

Era el momento de cantar villancicos en su honor. Rápidamente ayudaron a la tata Bibiana a traer una butaca para la abuela que mirando a todos emocionada comenzó a tocar la zambomba…Sonaron las panderetas y la madre, como todos los años era tradición, pidió a Mermi, que cantaba muy bien, que entonara su villancico preferido…ese que ella le enseñó. Ella lo entonaba y los demás hacían el coro, y entonces…el sonido de la Navidad subió el volumen más fuerte todavía.

¡AHÍ ESTABAN LOS CINCO SENTIDOS DE LA NAVIDAD DE MERMI! Iintensos, vibrantes, perdurables en el tiempo, inamovibles.

Y pasaron muchos, muchos años. Y un día la abuela se fue…y pasaron más años y la madre también se marchó…y la familia se fue ampliando…y llegaron más niños. Pero los cinco sentidos de la Navidad siguieron presentes en esa familia. Y al fin el padre también les dejó, pero ellos seguían teniendo esa alegría y esa unión que no les abandonaba porque se había forjado en la ternura del pasado, el valor del presente y la esperanza en el futuro.

Abrió los ojos..las 06,35…Le habían bastado 5 minutos a Mermi para recordar…Y es que cada uno recreamos este tiempo como reflejo de nuestros valores, deseos y tradiciones. Porque…Los recuerdos, como una vela, brillan siempre más en Navidad.

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