CHIQUITO IN EXCELSIS

Es conocida la anécdota del concurso de imitadores de Charlot, cuando el mismísimo artista se presentó al certamen y quedó relegado al segundo lugar. Esta anécdota es el primer pensamiento que me viene a la cabeza al enterarme de la muerte del gran Chiquito. Don Gregorio Esteban Sánchez Fernández, Chiquito de la Calzada ha fallecido dejando una estela de imitadores, habiendo forjado un patrón de visión de la realidad absolutamente original y propio.

Tan original y propio que, en principio es, gran paradoja, absolutamente imitable. Yo conocí la andanzas de Chiquito por terceras fuentes. Estaba entonces haciendo biografía-ultramar, que es donde se hacen las biografías, cuando llegaban ecos de españoles con hablar un tanto rarito. Terminaban las palabras con una prolongación forzada acompañando la expresión con una especie de baile en paso corto. “Pecadorrrr”, “te da cuennnnn”, “fistro”, “al ataqueeeerrr”… Yo veía a mis compatriotas en ese plan y pasaba del tema, con esa distancia que me había impuesto con ellos para que no me perjudicaran el acento adoptivo. Sin embargo y sin querer, se me quedó la copla con tales expresiones, había algo musical en esa forma de entonar y me sorprendía a veces escuchando mi mismidad mientras paseaba por las playas anglos decir con espontaneidad un “a can de morrrr” o un “”A güán, a peich, agromenáuer”… Esta última expresión especialmente sentida que servía como terapia para romper mi disciplina con la lengua de Shakespeare y desahogarme con fonética propia y cañí.

Cuando volví a España al poco del descubrimiento pregunté a los míos qué quién coño era éste sujeto que hablaba así, tan especial. Por supuesto todos le conocían y no tardé en verle en la tele en directo porque entonces estaba a todas horas. Yo valoro el humor como uno de los grandes talentos que el hombre puede poseer, talento difícil en extremo que puede producir dos taras: la ausencia absoluto del mismo o su vertiente de la carcajada pánfila y soez; dos extremos que ahogan esa válvula maravillosa. Cuando vi actuar a Chiquito ese día, vi muchas cosas.

No sólo la epidermis de unas expresiones más o menos simpáticas o pegadizas muy de estilo del sur, sino una inteligencia veloz, ese don que tienen los grandes cómicos más que nadie, donde se tejía una realidad cotidiana en clave de comparaciones geniales con un toque surrealista que intuía al mejor Tip, mi héroe y modelo con Groucho, ya saben que soy marxista convencido y fidelísimo. “Tiene más morro que un pintor de arte abstracto”, o “Tienes más peligro que un Gremlin comulgando en la Misa del Gallo”, son toques que van más allá del chiste o gracejo.

Así en Chiquito de dibuja un espíritu del mejor humor español, que desde una cubierta andaluza, alcanza velocidad en el chiste desarrollando una visión esperpéntica. Todo, acompañado de un coreografía de claqué en un palmo de terreno.

A Don Gregorio Esteban, Chiquito, le pasó como a Charlot, que el molde fue utilizado hasta el abuso sin permisos de copiright. Se creó así un icono y una leyenda absolutamente reconocible. Sin embargo la chispa, el duende, la esencia por mucho que se imite no se reproduce nunca con la brillantez del ADN original.

Te vamos a echar de menos y hoy rezo por ti con una sonrisa agradecida.

Gracias, pecador,

Gregorio Esteban Sánchez Fernández, Chiquito de la Calzada, DEP

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