CÁNCER DE ESPAÑA

Parece fácil de explicar, pero sólo parece. Lo que sí es mucho más fácil es de entender. El cáncer es una cosa muy mala, esto parece claro. El problema es que hay pacientes que no lo asumen, miran hacia otro lado y, cuando las consecuencias empiezan a ser fatales, empiezan a lamentarse.

“Cáncer” es un vocablo grande, cuya definición abarca más allá de sí misma, pues intentando explicar lo que es, acoge un conjunto de cosas que pueden ser. Se define desde sus variadas consecuencias con un prólogo veraz y único: hay células que, por alguna razón particular, se desvían de su camino vital para comportarse de forma depredadora y auto destructiva que aspira a la muerte. Se podría analizar las causas que han motivado dicha acción aunque no siempre es fácil. Mejor es, sin embargo, actuar de forma preventiva en todo el organismo que lo padece para evitar su comienzo y desarrollo. Esto depende tanto de los hábitos del paciente como de la toma de conciencia en los primeros síntomas. Si no se hace nada, la velocidad de depuración del sistema se va multiplicando de forma asombrosa cuando las células primeras, abanderadas de muerte, van avanzando haciéndose fuertes y contaminando a las otras.

Esta explicación tiene mucho de brochazo, me perdonarán los especialistas, pero el concepto general puede valer. Se trata de definir conceptualmente una enfermedad visible, no sólo a nivel individual sino a nivel social. Porque hay tejidos sociales a los que está enfermedad ataca con la misma eficiencia que a nivel individual.

Hoy ya lo sabemos oficialmente: el “tejido social” España, tiene cáncer. Sabíamos que el paciente estaba hecho polvo, raro, encabronado, torpe, con memoria alucinada, rabioso… dejado, en fin. Se asume o no, se ve o no, importa…o quizá no. Todos tenemos que morir, esto es obvio, pero la muerte y su misterio se debe cuidar con tanto mimo cómo se cuida la vida, mayormente porque define eso que se llama Sentido y que, seamos más o menos escépticos, importa a todos. Las células afectadas en este caso, directa o potencialmente, somos esos entes llamados “españoles” a los que el diagnóstico no nos debería haber pillado por sorpresa. Las células iniciadoras, hinchadas de egoísmo, memoria falseada, incapaces de reconocerse en lo que son, y por muchas más razones, se les ha ido reconociendo desde la segregación de odio; ese perfume que las hace cubrirse de un autismo que ensueña ser diferentes, superiores a sus compañeras. El odio es una ruta que mira a un espejismo al que se llega con una caminar dialéctico, circular e inmanente; se acelera en antítesis y no deja a la vida salir de sí misma. Genera, en fin, muerte. Una muerte que se disfraza de diferentes formas, de bruja estelada o Halloween y que en su obscenidad de erotismo sin creación, seduce, serpenteando, a otras células que, inadvertidas se irán haciendo rebaño del horror.

Hay diferentes tipos de cáncer dependiendo de la agresividad del mismo. El diseño de la muerte puede ser lenta o muy rápida; en todo caso hay que curarlo, pero siempre que el paciente, y eso es lo más importante, quiera vivir. Sin esa actitud, no se puede hacer nada, asumámoslo. Una vez que se quiere luchar hay muchas opciones, pues el problema es serio y en gran parte desconocido. La mayoría pasan por un periodo de quimioterapia, pero hay otros que les da por medicinas alternativas, otros que no hacen nada y alguno que se encomienda a “Manitú” y hace dieta de yoga y zumos. Hasta que no se demuestre lo contrario, los que suelen durar son los primeros. Estos duros tratamientos suponen una gran catarsis que eliminará las células nocivas y salvarán las buenas. Eliminar una parte del propio cuerpo así no es un suicidio, es una limpieza para seguir viviendo.

Como todo en la vida, no es la técnica lo más importante sino, como dijimos antes, la actitud. Actitud que se basa en una sola cosa: el Amor. Amor a la Vida, al Creador y a la Verdad que nos hace estar vivos, es decir, Amor a lo que somos. La quimio machaca, es cierto, pero el aguante depende de dicha actitud de amor y absoluta disposición a la eliminación del mal.

España ya sabe lo que tiene, sus células sanas no pueden mirar hacia otro lado. O eligen vivir o se dejan morir. Entramos en quirófano.

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