Llueve en LosMadriles. Tras un miércoles iniciático bautizado por cenizas que nos recuerdan nuestra condición, se unen las que brotan de la tierra al enterrar sardinas, en un dueto que esboza el Génesis. Así, en este jueves, el mundo se resume prosaico en un todo gris de lluvia bajo la boina que aureola la capital.

Navego Castellana arriba, río seco de Madrid, hasta el puerto de centros financieros, faros inalterables entre cielo y tierra. Arriba, en el limbo de uno de ellos, intuyo que Nuria ya me observa desde los ventanales y su bola de cristal. Baja siempre tarde, no por falta de delicadeza, sino porque la liturgia del Poder siempre se hace esperar.

¡Felicidades, guapa! Saludo infante con mi chubasquero y paquete de bombones, cual niño educado en cumpleaños. Nuria sonríe, y en cada abrazo desprende un exceso de fragancia. Se para un susurro en mi mejilla para decirme que huelo muy bien. No en vano es la colonia que uso sólo en nuestros encuentros, regalo suyo que administro con exquisito cuidado, dosificado en cada cita. Es una colonia regalada por Reyes de antaño y que lleva por subtítulo “Egoiste”. La excusa es que a ella le gustaba mucho el olor, pero los dos sabemos que es un mensaje subliminal, nominal y profundo cuya palabra asciende más que el aurea del olor. Así los dos, amarraditos, caminamos al restaurante perfumando a cada paso la avenida, haciendo de ella nuestro mundo e ignorando a todo el clan de propagandistas palizas que insisten en que donemos nuestra miseria a cruces rojas o apadrinemos familias enteras en el mundo.

Llevamos muchos cumples celebrados, e infinitos vermuts apurados. Casi dos décadas, que se dice pronto. Nos conocimos de luto y oliendo a casa bien, allá en el Imperio. Todavía sin olor propio, ella gastaba abrigo negro de opositora a juego con su rostro de heroína romántica. Mi luto, en cambio, era dandi y fingido, como siempre: estaba en mi época entre Sartre y Johhny Cash, entre el existencialismo y el country. Palidez de negros conjugada de nuestro primer arrojo al mundo buscando sentido existencial. Caminábamos en aquella época como dos góticos, leyendo poesía en tabernas a ver si nos podíamos descubrir entre líneas. Óperas primas que Nuria guarda en una carpeta marrón para poder chantajearme algún día. Entre los dos paseos, en blanco y negro y colorines, hemos recorrido muchas vidas.  Ella viajó de opositora a grandes rascacielos en 250 km, mientras que yo daba una vuelta al mundo para pasar del existencialismo al realismo, en esa búsqueda circular desde del logos al mito, huyendo en vía inversa de la decadencia que nos quiere llevar a un cul de sac.

Brindamos y su mano blanca, dirige el brindis. La blancura perpetua de su mano entre visones, custodia el espíritu de una amistad materna de cuidados y consejos. Clave, seguramente, de la prolongada biografía que nos une chocando así las copas en un Vals de éxito de décadas.

Nos sabemos de memoria, por lo que la conversación es siempre nueva. Nos reímos como antaño y las ironías malvadas que repito causan el mismo asombro por sabidas. La amistad es eso, sin duda, la capacidad de conocer al amigo hasta la médula y aun así, quererle, sorprendiéndote a ti mismo de por qué uno sigue riéndose de las genialidades y paridas repetidas. Algo habrá de grande en la repetición de un discurso que sigue sorprendiendo. Me recuerda a los niños que insisten en ver una y otra vez la misma película, sabedores de principio y final, argumento y fallos de guión. Esa impresión de eternidad se da exclusivamente en la patria infante, paraíso que asoma al presente. Nuria me traslada a la intemporalidad, territorio perdido al que solo una mano blanquita te puede llevar. Es una Eva inversa que acerca Paraísos y no te ofrece manzanas. La llave maestra de lo que perdura, camino atrás de un mundo repleto de manzanas fatales que, ay, se terminan indigestando.

Así es nuestra historia. Una película del blanco y negro originario al gris perla de cenizas, en historia multi-color bendecida por un ave fénix Castellano que nos resucita a cada poco en un paseo desde Zorrilla a la Plaza Mayor, caminando entre poesía y mitos como aristócratas de un alma en permanente exilio. Es el cuento de dos niños malditos que se sobreviven a sí mismos entre fragancias “Egoiste”.

2 thoughts on “VERMUT DE CUMPLE FRATERNAL

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