Leemos entre las rendijas que nos deja el drama nacional que en Suecia una parte de las juventudes liberales proponen legalizar acciones como el incesto y la necrofilia. La noticia parece que causa estupor, pero a las alturas de la decadencia y viniendo del norte, a mi todo esto no me extraña nada. Y es que Suecia ha sido desde el “régimen del 45” – ahora son todo regímenes en la nueva nomenclatura – el ejemplo a seguir. Nuestra lamentable burguesía desarrollista patria nos daba la tabarra con eso de la socialdemocracia y amor libre, clamando virtudes de esos países donde se supone que habían llegado a un “Shangri la” de nieves confortables y salud perpetua. Sin embargo, excepto las realidades de mi querida Anita Ekberg y admirado Bjon Borg, esto de Suecia me ha parecido siempre un mito.

Mito que, hace unos años me confirmó de forma literaria La Trilogía Millenium de Stieg Larsson. Colección superventas que, con trama muy de mercado, me temo que hizo obviar al personal lo más importante: el retrato de un país enfermo. La primera vez que vi esos libros fue en un VIP de Madrid acompañado de mi amiga Nuria. La portada me llamó la atención: era un dibujo moderno de una chavala con pinta de anoréxica, tenía las manos atadas, un vestido rojo y la mirada extraña fija en el espectador. Los títulos me parecieron rarísimos: “los hombres que no amaban a las mujeres”, “la chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”… es decir, que con esas pistas no me interesó mas el tema.

Pasó el tiempo y un día me llamó Nuria para decirme que había estado sin dormir ni comer durante unos días porque no había podido parar de leer los libros de Larsson. Me ordenó rápidamente que dejara todo lo que estaba haciendo y me pusiera a leerlos. Yo como no la puedo negar nada lo dejé todo y naturalmente me puse a leerlo. En inglés, claro. Fui a comprar el libro y la cosa ya sonaba un poco mejor: “The girl with the dragon tattoo”, “the girl who played with fire” y “the girl who kicked the hornets’ nest”… en fin, parecía más serio. Empecé a leer las historias y es cierto que estaban diseñadas para devorarlas. Se nota el trabajo de un periodista-escritor listo, con escuela, que sabe donde hay que cortar y pegar, que eso también es importante, no es fácil hacer algo que guste a mucha gente. Lo leí muy rápido, me pareció bien, sólo un volumen, la verdad, porque no estoy para bestsellers. Como digo, la trama era entretenida, para consumir olvidar pronto, pero me quedé con dos cosas importantes:

  1. La descripción de la protagonista y el retrato del “sexo nórdico”.Es una criatura atormentada y genial de estética moderna forjada entre anorexia y piercing. Por unos sucesos terribles ha quedado traumatizada y vive en una especie de coraza sentimental “semiautista” que hace que sus relaciones afectivas estén marcadas por el sexo. Es interesante porque mas allá de que sea homo, hétero o bisexual (desde la ONU ya hay infinitos géneros) , ella solo puede expresar su afecto a través del sexo. Pensé que esto es una figura muy moderna. Un poco simboliza el enfoque que del afecto hacen los modernos sistemas educativos. La consecuencia de que la educación sentimental se olvide hace que los afectos se “sexualicen”. Todo aderezado por la forma tan “a la sueca” –  ambiente posmoderno y sin familias –  que tienen los protagonistas de relacionarse.
  2. La imagen de Suecia. Este punto me parece lo realmente importante. No me importaría que los dos pilares míticos con los que nos han martilleado durante años:la socialdemocracia y el amor libre pueden quedar arrasados por la pluma de Larsson.

El comienzo del libro ya nos pone en un marco de corrupción empresarial de alto nivel donde desde el gobierno hasta los medios de comunicación juegan una partida de cartas marcadas a partir de subvenciones y fraudes en contra de cualquier concepto de legalidad y libre mercado. El autor desde luego sabe de lo que habla porque se dedica al periodismo y conoce el tema.

Respecto al mito del amor libre y las relaciones sexuales tan idealizadas de esas tierras también vemos que están encubiertas por dos matices importantísimos: las cifras de maltrato a la mujer y la importación de prostitutas del este. Lo que confirma que las cifras de maltrato  – y suicidio adolescente – en los países nórdicos son las más altas de Europa.

Se agradece que este tipo de informaciones, aunque sea en forma novelada, lleguen a países tan acomplejados como el nuestro. Un país de aldea tachado de leyendas negras que siempre cree que la virtud se encuentra en otras fronteras. Solo por eso quisiera dar mi enhorabuena a Larsson, que por cierto ha muerto muy joven, espero que no haya sido por hablar demasiado.

1 thought on “EL MITO SUECO

  1. Aquí es donde veo una de las claves de la deriva de la sociedad actual.
    «…ella solo puede expresar su afecto a través del sexo. Pensé que esto es una figura muy moderna. Un poco simboliza el enfoque que del afecto hacen los modernos sistemas educativos.»
    Ese enfoque es el que lleva a la aberración confundir el «practicar el sexo» con «hacer el amor». Ni el sexo ni el amor se «hacen». el sexo ya venimos dotados de serie con él; eso no quita que haya algún trastornado que sea partidario del «tuneo». Y el amor… el amor se siente, se vive.

    Cuando se deha de tener a quien amr y por quien ser amado, se piederde todo el sentido de la vida. De ahí el elevado nñumero de suicidios que siempre ha caracterizado a las culturas escandinavas que son en las quieren que nos reflejemos.
    El caso es ejercer por cualquier medio el control denoigráfico de la población». Sólo se becesita aquél número que sea bastante a seguir produciendo para incrementar nuestros beneficios.
    Excelente, Mc Murphy.

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