Esta vez me he adelantado a la tragedia. Tras una noche tardía de viento segmentado entre persianas, sueños de Navidad recientes entre un Madriles sucio y bienvenido, me levanto insomne en la noche – yo nunca duermo – cuando las entradas digitales de la prensa británica me golpean.

Un lunes enlutado se preludia desde ese instante. Fuera, tras cortinas hay negro, dentro sobre alfombras es pardo. Alcanzo el móvil enviando un suspiro moribundo a una esperanza mulata y grito: ‘Bowie, RIP, so sad’. Doy a Enviar y la velocidad de la luz llega a lo alto de North Strand mientras cierro los ojos para verlo mejor. Cojo el Rosario y comienzo el blues del Fiat Voluntas Tua, en estaciones pendientes de un bip de respuesta. Rezo por David Bowie cuya plegaria, como siempre, me encuadra un pensar que se diluye. Sé, en el segundo Gratia Plena, que el guasap ha llegado a Erin en el aire violento cayendo como una campanada de toque a difuntos. Pandora está en sus sabanas púrpuras y conozco que su sueño la avisará. Instinto de pantera negra, moverá su muñeca a la mesilla, madrugada helada de temporal y, entre la nebulosa de su mirada, verá las siglas JM parpadeando: ‘Bowie is dead?’

Dejará el resplandor sucumbir en la mesilla mientras se recuesta en su almohadón asimilando información en revuelto de memorias, dormires hacia tormentas de lunes, o sea, más graves que nunca. Y pensará en otro tiempo, más temprano y más abajo. Un piso más abajo, exactamente, al que se llega entre escaleras escarlatas. Y verá dos figuras oscuras, irlandesas y bastardas, – o quizá dos blancas tintas de soul y anarquismo – entrando por la puerta principal a altas horas de la noche eterna. Se reconocerá par y soulmate, cerrado el Cusack’s en cualquier día, entre risas y pasos de tango. Compás de chimenea y pintas, velas y literatura, subconscientes abiertos… tiempo de acordes.

Y suena Bowie en su estómago. Entre otros. Pero esta madrugada recordará sólo a David, el artista de Brixton, working class, amigo de amigos, cuya renuncia a las Ordenes Británicas le consolidan la coherencia «nada que ver con Jagger, Sir Michael Jagger, to be precised , cuyos hijos van a Eton»… Y Pandora elije el playmix comenzando la magia literaria. En su vigilia suben parrafadas de poesía, surrealismo de nana e imágenes, desde Londres a Marte pasando por el heroísmo de los chicos normales, Young-angry-men. De Bowie a los Rolling en una cátedra del Dublín North evocando a un Wilde o Dickens de pueblo… pero con ritmo.

Pandora ahora asoma una lágrima de cristal entre recuerdos de palacio para, con gesto de atea con corazón que no sabe rezar, coger el móvil para responderme un corazón púrpura en clave RIP. El bip en Madrid llega amaneciendo rompiendo una pausa en mi Rosario. Con las cuentas en mis dedos, miro el móvil, desde el ángulo de una lágrima simétrica, para besarnos en la inmensa proximidad del recuerdo compartido.

David Bowie, thanks and RIP

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