Un tictac acuático se acumula midiendo sueños que buscan destilarse al onírico querido. Tras los ventanales reside una penumbra de movimiento de álamos en batalla de noche heroica. El tiempo se mide así en cada gota, hasta sancionarse cuando el carillón de caoba se inunda del gong de las horas. Es entonces cuando me alzo hacia mi imaginaria de palacio en Hogar eterno por ausencias. En mi ruta las antorchas fallecen de ascuas bailando las sombras de mis recuerdos, danza chinesca de agua y fuego, que forma una  conciencia de ser a-partir-de-ti. Pienso, sentado ante la chimenea cónica rodeado de un banquillo de vacíos: mi proyecto en la piel de un Miura, el cordón umbilical en África, una memoria en la Isla y el despacho en un Portátil. Todo mi Presente Absoluto se concentra en esta llama cobijadora de sueños desvelados en una noche eterna entre salones sin límites donde miles de ojos fotografiados se miran. De repente, un alba perezoso de arcoíris lunar, derrama tonos de su tarot rubio negociador de un destino que empieza a nacer gritando en cada tictac de cada gota que, desde las remotas esquinas del cosmos, cae tierna y letal haciendo boquetes en las arrugas volcánicas de mi cráneo.

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