En estas épocas de olvido inhabitable hacía la memoria, recordamos los Tratados de Madrid cuando la historia se quebró entre nuevas mentiras.

Desde hace cuatro décadas, que parecen de ayer y sin notarlo, nos han cambiado el ceño y el alma con arrugas de vejez y rabia. Es en este mes de santos, cambios de hora y suicidios por viaductos de la melancolía, se me aparecen ante el fulgor de la hoguera aniversarios redondos. A mi entender éste que inaugura el mes marca y explica como ninguno la relevancia del Espíritu de la nueva era. Hablo de esa movida de la “Marcha Verde”, ya saben, quizá no, para qué. Hay mucha hemeroteca que explica en puntos de vista, mayormente uno, lo que pasó y que yo me ahorro de desglosar aquí.

Me fijo, sin embargo, en el patrón que este acontecimiento nos dibuja en la historia. Y lo veo en tres movimientos que definen un vals de fin de fiesta en lupanares. Bailemos juntos, avant, : Paso 1- hay una agresión a la patria, violenta o intimidatoria, que aspira a romper la legalidad, Paso 2- Ante eso, los gobernantes, que se encuentran confusos ante luchas internas, deciden no hacer nada mientras los eternos y preparados peones del músculo – ejercito – no defienden sus juramentos por órdenes de arriba junto a excusas de disciplina más abajo. Paso 3 – El enemigo consigue su objetivo y se cambia la ley.

En fin, baile de tres pasos y un finale arrastrado: las consecuencias del fracaso para el pueblo, la Patria y la autoestima de ambos. Este patrón de actuación marca, no sólo una forma de hacer, sino de ser y se perfeccionó en estos años siguientes dejando una Gran Marcha que ha cambiado el espíritu individual y colectivo de un pueblo inútil. Marcha que, cuando se explique este bloque histórico de tendencia bajista llamado Democracia, se podría dibujar una dialéctica perfecta en espiral según ese patrón mencionado.

Así comenzamos con ETA, guerra eterna en la que cada golpe se acompañaba de una negociación desde el inicio en cada funeral hasta mostrarnos ahora el patético hecho documentado de centenares de crímenes sin resolver… porque no fueron investigados siquiera. De ahí hasta llegar al momento actual donde la victoria del enemigo, en Marcha de reguero de sangre recorre pueblos y parlamentos ante el exilio cierto y mudo de aquellos que debieron dejar su tierra. Ni un luto se organizó fuera de la piel de toro hasta que, forzando la máquina hasta el límite, la plaga se trasladó a nuestro querido país vecino tricolor y rojo Miterrand y la cosa comenzó a cambiar. Vaya, vaya.

Pero el sumun de la Marcha se produjo un mítico 11M cuando en una mañana de 200 muertos se cambió nada menos que un gobierno abriendo la Caja de Pandora de un país que se quiso invadir de espectros nauseabundos. Marcha paralela de muertos al cielo y nueva oligarquía de primavera al poder. Qué cosas.

En ambos casos el patrón explicado se repite como una maquinaria perfecta: España siempre cede y no es capaz de responder nunca a las agresiones: dobla la rodilla, se pelea desde dentro ante la impasibilidad exterior de sorna y eructo legitimando que la agresión sirva efecto por encima de una normativa que, inevitablemente, cambia. Pocas veces en la historia la violencia ha sido tan efectiva.

El corolario, por ahora, es Cataluña. Desde la presión coyuntural hacia la manipulación de una población, el Poder elije cobardemente dejarse hacer sin defensa, haciendo un paripé que aparentemente gana tiempo mientras lo cede todo, que lleva a la destrucción provocando un nuevo cambio legislativo y de ahí una nueva Marcha de españoles que tendrán que dejar su tierra sin que nadie les asista.

Esto es vals que desde hace 4 décadas nos lleva a la auto destrucción. Sin embargo el instinto patriótico nacional se emociona en lágrimas tricolores con inédita energía que tanto se echa de menos en casa. Vals mortal y formas de sentir. Es lo que hay, danzad, danzad, malditos mientras yo simplemente recuerdo hoy una enfermedad del Espíritu. Si no fuera así, caería en un feliz Alzheimer donde nunca dejaría enterrarme en asilos minados.

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