BLOOMSDAY: BUSCANDO A ULISES

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Ayer fue Bloomsday en la capital de Erín. Desde los años 50 se celebra puntualmente el 16 de Junio las andanzas de Leopold Bloom, protagonista de esa novela mítica, que todo el mundo glosa pero no ha leído nadie, de James Joyce llamada Ulises.

En mi estancia en la isla realicé varios intentos por leerla, sobre todo en mi llegada efervescente,  pero desistí hasta que, tras un par de años de inundarme desde el hígado hasta la médula en el ambiente de la “dirty old town” me decidí a hacer un esfuerzo. Fue una gran motivación disfrutar de un día como éste donde el personal, mayormente yanqui y que apenas sabe ni dónde situar la isla aunque presuma de descender de Irlanda,  trata de reproducir los mismo pasos del protagonista terminando de pub en pub.

La novela Ulises es muy criticada, con saña incluso, y seguramente con razón. Yo mismo la cogí mucha manía tras mis primeros intentos en su dificultad. Joyce no es fácil, ni en la novela ni en los historias cortas, como “Dubliners”, excepción hecha de la maravillosa “The death”, historia crepuscular que, en unas páginas no solo describe un amor sino todo un país que se acaba para renacer. Dos metáforas geniales que el gran John Huston mostró en su última obra maestra.

BLOOMSDAY-DUBLIN

Volviendo al Ulises, la mejor descripción que he leído del libro fue una frase de Borges, siempre prepotente, lúcido y mentiroso, que venía a decir, seguramente mintiendo, que nunca lo había leído entero pero que los fragmentos que había leído le parecían extraordinarios. Sea cierto o no, la conclusión es exacta a mi parecer. Si bien como novela puede parecer un tostón y un experimento de escritura automática, pomposamente bautizado como “stream conscience” siendo más honesto una diarrea verbal, es cierto que el libro no se puede entender si uno no ha estado en Irlanda durante bastante tiempo. Y no en Irlanda de turista, ni paseando del Liffey para abajo por un Grafton street comercial de pelirojas como muñecas o diosas de camino al Temple..

Así como hay muchos “Madriles” en Madrid, hay muchos “Dublines” en Dubllín, y lo que muestra el norte del río Liffey, con esa misma pelirroja envejecida en siglos con maquillaje caído y sonrisa ida, no es lo mismo que enseña el sur. Y no es sólo el uso de la lengua en su socarronería barroca, tan diferenciada del inglés de Inglaterra, obstáculo que, de por sí definen dos visiones contrapuestas, sino la forma de contar desde dentro tanto del personaje como del autor una realidad que se muestra mucho más objetiva de lo que parece.

BLOOMSDAY-DUBLIN

Dublín es en sí un género literario, como Madrid pero con más dolor acumulado. Capital hecha a medida de los británicos, la capital espiritual es Cork como todo el mundo sabe, donde los restos de un pueblo que sobrevive de milagro conviven con sus fantasmas que salen de los mártires, la leyenda y la visión doble del alcohol. En ese universo excesivo de muertos tan vivos, es donde hay que tomarse una pinta en Mulligans o el Gravediggers con mi amiga Bee el fantasma de Joyce y Bloom y mi espectro, el que dicen que deja ver en tales lugares y otros. Concluyendo, entre pintas, canciones y besos, que quizá la novela será mala, nefasta o sublime pero, es que uno llega a la conclusión tras mucho tiempo, que Dublín es así.

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