REGALO EN ST PATRICK’S DAY

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“dedicado a Gloria Gimeno”
 
Se acabó la fiesta de St Patrick dejando un día Irish de lluvia mañanera y color perla inmanente.Se veía venir, pues fue un día, el de ayer, de frío y prisas laborales que anunciaba agua.
Terminé pronto y los irish pubs de LosMadriles ya expulsaban algún sujeto de verde con pinta negra y rostro colorado, en esa amalgama rica de colores con que se visten nuestros hermanos del norte.
Ignoro esos sitios a este lado del mar y, por tanto, celebro a la española, es decir a mi manera, degustando mollejas y tintorro a media tarde, es un suponer, en esas horas excéntricas donde antes tomaba el té con Pandora, que cosas, ¡cómo cambian los hábitos! Horas pardas me pillan cerca de de La Latina donde los bares castas acogen tranquilos la confesión de algún personaje en la barra a camareros que siempre absuelven con refranes. Degustando las bravas entre wasaps de la isla mostrando amor, la ciudad empieza a moverse expectante tras los cristales mostrando bufandas rojas de los sufridores locales cayéndose hacia el mítico “Paseo de los Melancólicos”. En fin, yo no estoy para fútbol ni historias, soy ya un escéptico con un amor verdadero que se llama Pucela y esta efervescencia entre semana me cansa.
Paseo pues a la contra, lleno de memorias, haciendo digestiones biográficas de vidas acumuladas, sueños despiertos por soñar como bocetos de vidas por vivir, paseando, sin más hacia mis rutas de querencia. Madrid siempre me arrastra hacia Tirso de Molina o Antón Martín, debido a ese faro intenso que me imanta y se llama Cines Doré. Llego tarde a la sesión, y la siguiente en una peli sueca de los años 20. Suena apasionante pero no estoy de humor y aparezco en el Parrondo, puerta-hacia-el-otro-lado, donde la simpática camarera me obsequia con una cazuela de aceitunas con pimiento rojo, of course, y patatas fritas. Me dedico  a leer Le Monde y revistas satíricas hasta que me despido con media sonrisa y sigo bajando hacia Las Letras observado por los señores de uno de los grandes museos madriles: el del Jamón.
Suenan gritos de alegría Atleti mientras me encuentro en una calle de duelo con el espíritu de Cervantes, que está como unas castañuelas de contento: “¿te encontraron por fin, eh?”. Le invito a un Rioja en La Dolores y se lo bebe de un trago, “Vive Dios, que lentos son los restauradores para dar fe de lo evidente.” Don Miguel ya está donde tiene que estar, vivito y coleando en Madrid y ahora toca ver a las Trinitarias para la puesta de largo.
Nos abrazamos emocionados ante la indiferencia del mundo y le veo ir muy Quijote entre calles estrechas observando alucinado a la especie. Entiendo su mirada. Hacia Neptuno iluminado sonría hacia el paseo a la señá Cibeles mientras el Palacio de Gallardón deslumbra y el James Joyce prolonga la noche patricia hacia la Puerta de Alcalá.
 
Se acaba el día, pero lo mejor estaba por llegar y no lo sabía. Ya en el castillo, tras descorrer compuertas y cruzar pasadizos abro el correo. Un paquete con instinto entrañable me espera: lo acaricio con delicadeza, viene del Reino de Aragón.
Subo tranquilamente con el tesoro en mis dedos y al entrar a mis aposentos, saludo a Paddy mientras dejo el sobre en el butacón frente al fuego. Me siento enfrente y nos observamos el paquete y yo con pausa. Me encantan las sorpresas y un sobre abierto no tiene vuelta atrás, hay que eternizar el momento al estilo Nietzscheano y doy vueltas girando alrededor del paquete como un planeta  en perfecto movimiento elíptico. Me quito el abrigo, voy vengo, toco el sobre, no sé qué hacer.
Paddy se abalanza sin paciencia, le dejo hacer. Me mira pidiendo permiso, “go head” le digo. Va abriendo con sumo cuidado, mira expectante, observo. Hay una carta en papel cuadriculado de letra fémina y dos dulces envueltos en símbolos.
“¿No abrimos mas, no?”No, of course, not” Coloco el tesoro en la estantería, Paddy sube a su sitio haciendo hueco entre el pastel de Pandora.
ST PATRICK’S DAY

 

Gracias.

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