Se cerró un fin de semana coloreado en oro viejo por un sol picante de membrillo. Dejo la villa ante la mirada quieta del Duero y nos despiden las piedras de la historia tras hacernos camino para atravesar épocas en un viaje al tiempo.

Tordesillas, villa situada en el corazón del corazón de Castilla, villa muy ilustre, antigua, coronada, leal y nobilísima, para ser exactos.  Intersección de la historia real – esa tan ignorada por la memoria oficial que reinventa el pasado en libros de texto – Villa que limita entre el Camino de Santiago y América, entre la trascendencia vertical y la conquista horizontal. Desde aquí se defendió el presente en extremadura Castellana, para conquistar un futuro que repartió el planeta por Tratados. Hoy, ya lo saben por los medios de esta España secuestrada, mera aldea maldita por la propaganda posmoderna que lava sus crímenes con la excusa de la sangre caliente de un toro.

No importa. Nos convoca un mercado en esta villa sacra. El mercado medieval más importante de España que une, en vestimenta de época, la empresa, el oficio y el campo. Se descubre así, esa economía real y tan maltratada: la que crea cosas y se vende con atención y sin intermediarios. La economía de las empresas que mueven el mundo, es decir, las pequeñas, sobre las que se ampara el oficio creador, el arte, la cultura y la agricultura.

 

 Llegamos temprano y paseamos por la historia sin agobios alternando con la Reina Juana bebiendo cervezas artesanales que sirve un monje hispano del otro lado del hemisferio. Juana brinda con timidez, mujer que en sí, simboliza toda la grandeza y el drama de la historia: hija de Castilla, procreadora de emperadores, reina de Las Españas y loca de amor. Pasea por las calles al son de música medieval, se para curiosa en los puestos, se prueba muy coqueta, sedas para dejarlas con tristeza ausente. Nos atienden serviciales artesanos del barro, ceramistas y plateros, nos ofrecen quesos, cecinas, pastas de la tierra.
Músicos y trovadores cantan ante la mirada atenta de los halcones y un grupo de niños, por fin, juegan a jugar en grupo entre artistas que dibujan lo concreto y trovadores de verso limpio.
 Los críos se divierten sin pantallas táctiles: tiran bolos, aplican el ingenio en mundos estratégicos representados en tableros, forman equipos, corren libres en las calles reconquistadas para la vida.

Los adultos bailan, ríen y beben. Se hace espacio, para que las hermosas damas de la villa, se coloquen para la danza de las cintas alrededor de un caballero de armadura que fuma un Cohíba de época.

 En esta fiesta de vida, Juana, tras danzar tímidamente, me dice que está sofocada y quiere retirarse a sus aposentos, observo que  su amor ausente se refleja en sus ojos como el sol de membrillo en las piedras.
 Es la hora de partir.
 Nos despedimos mientras la veo retirarse y pienso, reafirmándome, que hoy la vanguardia está en mirar atrás, en descubrir desenterrando con pasión los tesoros ocultos por ese mito del progreso que no lleva más que a la nada entre mentiras.

Deja una respuesta

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies