Titulan los papeles de mi pueblo que «uno de cada diez adolescentes de la región tiene relaciones sexuales completas antes de los 14 años». A continuación se sugiere adelantar la vacuna del papiloma a los 12.
De vez en cuando leemos este tipo de noticias de iniciación sexual que comienza en estadística y se continua en clave técnica – o en deriva ideológica – cuando algún programa posmoderno promueve con urgencia el intercambio, onanismo y demás posibilidades. Es interesante el ansia de mundanizar al adolescente a una edad cada vez más temprana con una «educación sexual» que, sin educación alguna mas que el coctel: ideología + métodos de prevención termina siempre en cuestión de vacunas.
La línea roja de esta tendencia la vamos viendo cada vez más nítida a la vista de la famosa ideología de género, ese laboratorio mental que viene a decir que no hay ya comportamiento natural sino que como todo es cultural, no hay ya dos sexos sino 7 u 8 géneros… y con lista abierta. Así uno ya no tiene un niño o una niña, sino un ente que debe decidir qué es y ese descubrimiento, naturalmente, abre la puerta al acto sexual cada vez ms temprano sin que nadie se preocupe por cosas tan obsoletas como educación sentimental, madurez, responsabilidad, verdad o, ejem y con perdón, amor.
Así en este mundo nuestro, ya tan acabado, el sexo y su subproducto orgásmico se ha convertido en la felicidad asequible y única para una época. Recuerdo hace unos años cuando se produjo el cambio fonético y sutilísimo del “seso” al “sexo”. Cuando de la noche a la mañana asistimos con asombro a la transfiguración de la s civil y provinciana en clave de estriptis voluptuoso en la x cosmopolita, sensual y perturbadora, antesala del gemido vocalizado.
Cambiamos los paladares para pronunciarlo mejor y con los paladares abrimos las compuertas al torrente de flujos que venían portados por los apóstoles del amor libre de la época, los hippies, los gerifaltes del buen rollo, los ayatolás del “¡libérate!”… la mayoría de estos líderes se dejó su biografía colgada en el SIDA y los que no, listillos, ascendieron rápidamente en la cosa pública.
Y pasó que, tras un tiempo de felicidad prometida vimos que la cosa no era para tanto. Ya años antes el maestro Pasolini empezó a vislumbrar apenado con ojeras de otoño en plena revolución sexual que todo este “invento” se estaba convirtiendo en: Un edonismo neo-laico, ciecamente dimentico di ogni valore umanistico e ciecamente estraneo alle scienze umane”.
Nada nuevo bajo el sol. Un pasito más en la autodestrucción. Hemos visto hace poco la tasa de suicidios, pero de eso tampoco se puede hablar, claro
Un capítulo más en el triste cuento que relata cómo en nuestra libertad “colocada” se empezó a destruir una hermosa vía de comunicación a través de disminuir la creación de vida hasta llegar a laincapacidad de la exploración lírica del cuerpo, incapaces siquiera de empezar a estar “ebrios de trementina y largos besos”.

Y nos quedamos en un sexo de instinto minúsculo, democrático, solitario o de polvete y rabia que simplemente entretiene y despista, evade. La última copa de la última fiesta antes de suicidarnos por hastío en la “grand buffet”.Una folladura burdelera en clave orgasmos huecos y vacíos que, en muchos casos será compartida por un par (o más) de caníbales en celo que ya ni siquiera tienen hambre.

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