Una de las memorias más entrañables de mi ilustre infancia era ver la Hoja del Lunes en cualquier mesa del palacio.

Era este un documento con personalidad que, puntualmente, nos despertaba la actualidad del mundo dando inicio a la semana. Era el documento en blanco de un contexto católico, claro, de descanso dominical para currantes, fútbol, siestorra, tortillas en el campo, excursión… Las noticias se detenían el domingo y cada lunes comenzaba la maquinaria eterno-retornista de la ilusión mundana mezclada con esquelas provincianas.

 

Todo eso se acabó y en esta sociedad ultramoderna y parada, pero que abre su vacío 24 h, los findes ebullen cada vez mas de novedades porque son el desagüe de la frustración semanal tecnócrata generando un movimiento inaudito.

 

Este último fin de semana ha sido un claro exponente de lo anterior y comenzamos celebrando la resaca del 75 aniversario de Machado, purgando a golpe de versos su alma en el firmamento de una Meseta Celestial y más ancha que la nuestra. Ya imponente en la gloria, aquí abajo las glosas en su memoria son resabidas y poco importantes: «A machado nos lo han estropeado los Machadianos» , decía Umbral en boca de Fernández Ordóñez. Y es cierto, la ideología ha matado a don Antonio, Miguel Hernández y varios-muchísimos-mas -así como ha mitificado-salvado a otros como los Alberti of course.

 

Yo rezo por el poeta y por Castilla mientras me sumerjo como sin querer en ARCO. La realidad de la vida y la plegaria íntima desparece para enclaustrarme en el mundo interior y super-hiper-efervescente de los artistas del momento, en ese universo de neuronas burocráticas de marketing y dólares de sacerdotes novísimos sin vocación. Ya nos preludiaba Gombrich que el arte no existe, que eso es lo que hacen los artistas. Paseo tres veces con esa premisa de “open mind” hasta que el recorrido por las huellas de los genios me pierden el alma para arrastrarme en un oasis en forma de diseño de cerveza que bebo cual pócima que me devuelve a lo real.

 

Salgo a media luz, respirando hondo y el periódico gastado escribe que unos tíos llamados “verificadores”  han encontrado unos tirachinas en Vascongadasy que los encapuchados que se los muestran prometen portarse bien. Sonrío con pena acumulada y me suena al mejor esperpento hispano, a una peli de Berlanga, a la España absurda que se refleja mas que nunca en la farsa sublimada del 23-F.

Me acuesto soñando con guiones esperpénticos esperando que esta semana, en las salas Berlanga, me descodifique la genialidad el homenaje al mejor talento encabronado del cine español: Azcona.

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