Yo todavía no sabía qué era eso de los “baigons”, pero asentía igualmente para no retrasar la conversación. Era en el Bristol de mi década prodigiosa, rodeado de anglos en fabulosos pubs de Gloucester Rd. La bohemia se reunía puntualmente entre pintas para discutir la vida y la historia, y en esas reuniones, de luz tenue y Union Jack, apareció pronto el tema Mandela y los “baigons”.

La frase la había dicho Mr Nelson al salir de la cárcel tras 27 años y tenía la relevancia y grandeza del líder hecho a sí mismo.

La bohemia de Bristol, indeed. Mi bohemia era blanca y de izquierdas. De izquierda british, claro, que no tiene nada que ver con la nuestra. Yo venía de otro mundo y, aunque compartíamos el color de la epidermis, sabían que yo tenía otra “cosmovisión” como dicen los cursis ahora. Eso no fue desde luego problema para una unión de amistad profunda.

El tema Mandela, África, colonialismo británico, dio mucho juego en esos tiempos. Yo explicaba España y ellos el Reino Unido, intentando blanquear leyendas negras analizando la diferente forma de colonizar entre ambos países. Mis amigos eran muy críticos con el British Empire y el tema africano era sumamente vergonzante para el grupo.Lynda había nacido en Sudáfrica y ni siquiera quería hablar de ello y Nicolette en Zimbawe me explicaba infancias verticales y separaciones segregadas. Desde luego era una mentalidad muy distinta a la española en términos de enfoque. La clave estaba en la segregación, en la separación de razas que siempre quedaba latente. Era la mentalidad de la conquista, asentamiento, segregación y trasladar la británica estructura férrea de clases a la raza creando dos guetos diferenciados sin mezcla posible. Esta forma de pensar, of course, no era ni siquiera con restringida a los negros o los hindús ya que en el Norte de Irlanda el sistema era idéntico de separación con los “irish” hasta el punto de los hirientes carteles de los pubs londinenses: “No blacks, no irish, no dogs”, que son selfexplanatory de una actitud.

Frente a eso yo defendía la conquista española, ya que si bien la situación económica y organizativa dejada en América del sur era lamentable, teníamos un fenómeno fundamental que era el del mestizaje, la democracia de la sangre, que, con todos los abusos – y los ingleses no tienen pocos –, bien o mal, con una intención u otra, habíamos conseguido continuar una raza y evitar el exterminio, – al contrario de la idolatrada América del Norte, por ejemplo, donde desde un poder económico y liderazgo, se oculta la desaparición de aquellos indios que ya no salen ni en las pelis –

Al llegar a este punto la conversación se calentaba, claro, era ya la tercera pinta y las metáforas salían con una cierta manera barroca, con bygons y sin bygons. Pero como he dicho, era una izquierda “polite” y civilizada y el tema no iba a mayores.

Anyway, con discrepancias y desacuerdos, era una conversación entre blancos, hijos de imperio, y eso aunque se critique o alabe configura una visión determinada que no está sujeta por heridas físicas, digamos.

Mas tarde en mi viaje mi punto de vista se amplió desde dos focos distintos acudiendo a la trastienda del problema: Irlanda (la eterna colonia emancipada y maltratada hasta la humillación por un Imperio) y… Jackie.

Jackie era hija de padre jamaicano y madre inglesa. Un matrimonio mixto, inédito en la isla en los años 50. Jackie salió contestataria, negra por fuera, roja por dentro, rebelde de inteligencia natural. Una de las mujeres a quien más he querido y con la que más he discutido, “lo único que tenemos en común tu y yo es que los dos somos negros, ya ves, fuera de eso we are in fucking disagreement all the bloody time!decía yo, as sweet as possible, cuando nos bloqueaba el tema de la conversación.

Jackie lo explicaba diferente, lo veía y sentía diferente y, aunque no estuviéramos de acuerdo – en todo – entendí la sensibilidades y lo que pesa un color en tu piel, ser súbdito, y venir de un árbol genealógico de esclavos. Claro que se piensa diferente. Esto ya no era discutir en un pub entre pintas un conjunto de pijos desheredados de la gloria pasada, esto era, realmente, otro punto de vista que aunque no cambie el propio hay que ponderar y respetar en su valía.

Jackie me escribe ayer con sus impresiones, sus fotos de Dublín con una cola kilométrica para firmar en el “Book of condolences”, la historia de – alguno – de los trabajadores del Dunnes Store que fueron a la huelga durante 3 años por la importación de fruta sudafricana. Estos trabajadores fueron despedidos sin derechos y cuando Mandela visitó Irlanda pidió verlos e incluso algún superviviente estaba ayer en el funeral.

Termina su email Jackie sorpresa amarga sobre algún político ahora compungido por lo de Mandela pero condescendiente ayer con el Apartheid ayer, o con estrellas como Elton John que fue a tocar a Sudáfrica para audiencia blanca cuando había boicot y ahora… en fin.

Como diría Nelson, “let bygones be bygones”. Hay temas que no conviene discutir en abstracto ni con categorías ideológicas. Hay temas que es mejor dialogar con testigos para entender cosas que de otra forma no se pueden. Irlanda y Jackie fueron la segunda parte de mi iniciación en la Década Prodigiosa, la otra cara de la moneda. Gracias.

Mandela, RIP.
To Jackie XXX

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