SEMINCI VALLADOLID

Don José Zorrilla declina hacia la luna. Su musa adorna el gesto con una lira que suena a fuente de madrugada. Ante ellos el pasillo de una vacía calle Santiago donde carteles antiguos indican el camino al centro de la ciudad.

Hace una semana de esta escena. La 58 Semana Internacional de Cine de Valladolid había sido inaugurada hace unas horas y hoy sábado ya toca a su fin.

Me adentro por la calle en paseo sin prisa leyendo rótulos del Festival. El primero impresiona: una mano recia sostiene con firmeza una cruz blanca reflejada en negro. La cabecera del poster describe: “I SEMANA DE CINE RELIGIOSO”. Estamos en el 56, en plena Semana Santa de Marzo en una Castilla que da formato de celuloide al nacionalcatolicismo con apenas seis obras míticas del cine patrio.

Nuestro Festival comenzó así: firme, duro, castellano, comprometido en blanco y negro. Sigo caminando con la mirada de Don José Zorrilla todavía clavada en mi espalda y vigilado por el Ave Fenix. Sin darme cuenta cambio de década y leo: «SEMANA INTERNACIONAL DE CINE RELIGIOSO Y DE VALORES HUMANOS». El humanismo ye-ye cambia el festival, nuevos tiempos conciliares se avecinaban con toque humanité. No sabíamos cuanto.

Hacia el final del paseo veo que el cambio definitivo se da en 1973- «SEMANA INTERNACIONAL DE CINE DE VALLADOLID» nombre que se mantiene hasta hoy con la reducción tecnócrata de SEMINCI, acrónimos para abreviar lo breve.

Se acaba la historia y comienza la realidad de la Plaza Mayor, saludo al Conde Ansúrez que hoy preside un ayuntamiento púrpura y avanzo hacia Ferrari, bajada Leones de Castilla -ahora Libertad- y terminó en un surco de alfombra roja recién quitada. A mi izquierda el Teatro Calderón y a mi costado la Iglesia de las Angustias. Una gran pantalla de televisión emite el resumen del día:

“Han pasado estrellas hoy por Pucela”, dice el monitor y aparecen personajes conocidos haciéndose fotos con el público que llena gradas. Se agradece ver en ese pequeño firmamento a Marisa Paredes, eterna, frágil y afectada levitar por la pasarela improvisada.

Pienso que esta capital no es de alfombras rojas, el color de Castilla para sus pendones.Se nos ha acusado siempre al certamen de que nos faltaba glamour… que había que ser como San Sebastián porque si no no das bien en la tele.

No sé, la verdad. El director de hoy, Angulo, como ayer Don Fernando Lara (el personaje en mi opinión que mas hizo por la causa), han puesto al cine y a la ciudad por delante de las estrellas y eso es nuestro éxito y nuestro estilo.

De ahí sucede que el evento quizá sea más conocido fuera que dentro de España. Que sea otra semana de fiesta más para los vallisoletanos y para la Europa cinéfila y un tanto invisible para el resto de España que está obsesionado con Conchas de oro. En Inglaterra lo conocían bien y se sorprendían de tanto reconocimiento de espigas a Ken Loach en una ciudad «so conservative». Never mind. En Italia la prensa dedicaba páginas enteras en la gran época de Moretti…
Termino el paseo vuelvo por el surco que la alfombra dejó. Esta noche se volverá a desplegar y con ella la recolección de espigas que dará inicio a una nueva siembra…que al fin y al cabo es lo que importa: el eterno retorno de la siembra en espigas de celuloide.

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