Ni una bandera española. Ni una. Este aspecto es el primero en el que me fijo cuando asisto a un acto de protesta, manifestación o sarao popular-contestatario-ibérico. Hay enseñas esteladas de nuevo cuño, extranjeras, de Cuba, del Che y hasta de Dinamarca. La única enseña nacional es la bandera republicana, claro, con diferentes tonos de violeta-azul-púrpura en la franja inferior.

La Plaza de España está invadida por un grupo venido desde la capital de la Meseta con su mascota naif de Sol 15M. Descansan en el césped mientras un hombre mueve un títere con la figura de un esqueleto que viste capa y corona. A su lado un colega con micrófono trata de animar el ambiente con chascarrillos y alguna coplilla mal cantada. Otro con aspecto de místico de muchas revoluciones con soda intenta recitar unos versos de rima libre y libertaria, o sea, malos. El ambiente es de verbena mustia, con un cierto aroma a marihuana y sin chispa de ingenio. Está todo el perímetro cercado por la policía, el centro de LosMadriles acordonado por furgones de hombres y caballo en hilera interminable. La atención de los agentes es impecable. Apenas unos minutos antes he intentado acceder a las cercanías del congreso pero estaba cortada por las vallas. Un poli joven me ha sugerido diferentes caminos para avanzar.

El ambiente va in crescendo cuando se acercan sujetos con banderas castellanas con el Castillo aprisionado en la estrella, símbolo estándar que ya define una ideología y una estética de matasellos es banderas tradicionales. Hay varios grupos venidos desde diferentes direcciones y todos se dirigen a las inmediaciones del Congreso. Los eslóganes siguen siendo sabidos, tristes, sin mucha metáfora.

Por el paseo del Prado se ya animando la cosa, viene gente con pancartas caseras llenas de tacos y monosílabos, consecuencia exacta de la libertad de expresión de un pueblo que ya no sabe ni expresarse ni qué expresar. Llegan grupos tras pancartas mas amplias que exige que todos se vayan, quejas y rabia. Estos últimos gritan mas y mas fuerte, sobre todo al pasar cerca de la policía que tiene que aguantar como estatuas una tromba de insultos y gestos obscenos, de provocaciones.

          ¡Hijos de Puta-Hijos de puta!

Para pasar inmediatamente en contradicción rasgada:

          ¡Menos policía y mas educación! (¿)

Y rematar en el clásico:

          ¡Esto nos pasa por un gobierno facha!

 

Veo pasar tranquilo a Llamazares, sonriente, crecido con su guardaespaldas. Este sujeto no debe de ser de la clase política nefasta-explotadora ya que se le ignora y hasta se le saluda.

Las cámaras filman, es la hora del parte y las teles muestran la verbena de turno. Con la anochecida se empiezan a oír sirenas, carreras, ambulancias del Samur y rumores. La noche cae aburrida, esto está visto, deprimente estado de queja sin ninguna solución ni propuesta, apenas otro acto de extrema izquierda abanderado por gente ingenua, en muchos casos bienintencionada, seguro, pero sin ideas mas allá del prejuicio y la frase hecha.

Termino mis fotos, mis videos y me voy a tomar una pinta al James Joyce, como si estuviera en mi isla. Cobran 4.60 y el primer sorbo me sabe al recuerdo inefable de mi biografía. Bridamos un Cheers por ello.

Salimos ya de noche otoñal y tras la última mirada al horizonte de Alcalá entre sirenas y furgones en formación volvemos a casa atravesando la paz de Salamanca.

El viento se deja escuchar apagado el sonido de la turba y su movimiento de rabia empieza a crear música al acariciar con ansia la bandera de la plaza de Colón.

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